domingo, 1 de noviembre de 2026

Carcinoma urotelial

 

Carcinoma urotelial en el perro

Francisco J. Alvarez Berger DVM, MS, DACVIM (Oncología)

El carcinoma urotelial, también llamado carcinoma de células transicionales, es la neoplasia más frecuente de la vejiga urinaria del perro. Suele localizarse en el trígono vesical, invade con frecuencia la uretra y la próstata, y se presenta con signos idénticos a los de una cistitis bacteriana, por lo que su diagnóstico suele retrasarse semanas o meses. En la mayoría de los casos no es curable, pero sí es tratable: el control tumoral se logra en 75% a 80% de los pacientes, con buena calidad de vida (Fulkerson y Knapp, 2015). Este escrito revisa a quién vigilar, cómo confirmar el diagnóstico sin sembrar el tumor, cómo estadificar y dar un pronóstico, el caso particular del carcinoma prostático, el tratamiento médico, el control local y los cuidados de soporte.


Epidemiología y factores de riesgo

Razas de riesgo

RazaRiesgo relativoPositivos a BRAF en orina
Scottish terrier21.158%
Perro esquimal6.5Sin dato
Shetland sheepdog6.055%
West Highland white terrier5.848%
Keeshond4.2Sin dato
Beagle3.053%
Mestizo (referencia)1.0Sin dato

Fuentes: riesgo relativo (Knapp et al., 2014); positividad a BRAF en 8,365 muestras analizadas entre 2018 y 2024 (Appenzeller et al., 2025). El Scottish terrier concentra el riesgo, con hasta 20 veces el de un perro mestizo.

Factores de riesgo

La etiología es multifactorial y una parte es modificable:

  • Herbicidas fenoxi: 2,4-D, MCPP y MCPA (Glickman et al., 2004).
  • Antipulgas de generaciones anteriores: organofosforados y piretroides; no se ha asociado con fipronilo ni imidacloprid.
  • Humo de tabaco de segunda mano: razón de momios de 6.34 en Scottish terriers (Knapp et al., 2024).
  • Agua y entorno: vivir cerca de humedales, nadar en piscinas cloradas (riesgo de 1.7) y beber agua clorada no filtrada (Braman et al., 2024).
  • Otros: obesidad, sexo hembra (2:1, excepto en razas predispuestas) y exposición previa a ciclofosfamida.

Prevención

Lo que sí puede recomendarse al propietario, sobre todo en razas de riesgo:

  • No fumar dentro de la casa.
  • Limitar la exposición a herbicidas y no usar antipulgas con organofosforados ni piretroides.
  • Ofrecer agua filtrada y limitar el acceso a piscinas cloradas.
  • Dar vegetales amarillo-naranja y de hoja verde al menos tres veces por semana, lo que se asoció con menor riesgo en Scottish terriers (Raghavan et al., 2005).

Son estudios observacionales en razas concretas, no ensayos de intervención, pero ninguna de estas recomendaciones conlleva riesgo.

Detección temprana

En razas de riesgo, a partir de los 5 o 6 años, se recomienda examen general de orina y ultrasonido de vías urinarias cada 6 meses, y la prueba de BRAF en orina desde los 5 años (Dhawan et al., 2022; Appenzeller et al., 2025). El argumento a favor no es solo detectar antes, sino que el tratamiento funciona mejor en la enfermedad temprana: con deracoxib, la remisión completa o parcial fue de 42% frente a 17%, y la mediana de supervivencia de 615 frente a 323 días (McMillan et al., 2011). Aún no existe un ensayo que demuestre que la detección temprana en la población prolongue la vida, pero la evidencia indirecta es consistente.


Presentación clínica

  • Signos: hematuria, disuria y polaquiuria, clínicamente indistinguibles de una cistitis bacteriana. La infección secundaria es frecuente y el paciente mejora parcialmente con antibióticos, lo que refuerza el diagnóstico equivocado y consume semanas.
  • Regla práctica: ante una cistitis recurrente o que no se resuelve, hacer ultrasonido antes de la siguiente cistocentesis.
  • Claudicación o dolor axial: en un paciente con signos urinarios, pensar en metástasis ósea antes que en un problema ortopédico.

Localización

El sitio más frecuente es el trígono vesical. Más de 50% de los casos afectan la uretra y alrededor de 30% la próstata. Las lesiones papilares y el engrosamiento de la pared pueden causar obstrucción parcial o completa. Por ello, la escisión con márgenes rara vez es posible, y es la obstrucción, más que la metástasis, lo que suele definir el desenlace (Fulkerson y Knapp, 2015).


Diagnóstico

Sembrado iatrogénico

Se ha descrito la implantación de carcinoma en la pared abdominal después de cistocentesis, aspirados percutáneos y cirugía, con un riesgo asociado a la cirugía de 3% a 10% (Higuchi et al., 2013). Ante una masa vesical o un engrosamiento del trígono: no aspirar ni puncionar, y hacer siempre el ultrasonido antes de la aguja.

Orina

  • Examen general de orina: la hematuria y la proteinuria son constantes por la ulceración del urotelio. Si hay bacteriuria o piuria, hacer urocultivo; la infección concurrente es la regla.
  • Citología del sedimento: es diagnóstica en alrededor de 30% de los casos; las células uroteliales neoplásicas son difíciles de distinguir de las reactivas cuando hay inflamación. Un sedimento no diagnóstico no descarta nada (Lippi et al., 2022).

Obtención de tejido

  • Biopsia por cateterización traumática: con un catéter suave guiado por ultrasonido, con la vejiga moderadamente distendida, aspirando mientras se moviliza el catéter sobre la lesión. Es útil sobre todo en lesiones del trígono y la uretra, se realiza con sedación y del mismo material se obtienen improntas para citología.
  • Cistoscopia: permite inspeccionar toda la uretra y tomar muestras múltiples bajo visión directa; es el método de mayor rendimiento, aunque está limitado por el tamaño del paciente (sobre todo en machos pequeños), el equipo y la experiencia.
  • Biopsia quirúrgica: solo cuando la lesión está alejada del trígono y se plantea una cistectomía parcial, o cuando los métodos mínimamente invasivos no fueron concluyentes. Requiere proteger los planos, cambiar el instrumental y lavar abundantemente (Hildebrandt et al., 2023).
  • Biopsia percutánea: debe evitarse.

Histopatología e inmunohistoquímica

El diagnóstico definitivo es histopatológico. La mayoría son carcinomas uroteliales invasivos de tipo papilar infiltrativo: 70% de grado alto, 29% intermedio y 1% de grado bajo. En cambio, en la persona más de 66% de los casos son superficiales y de bajo grado, lo que explica que la resección transuretral y la terapia intravesical no funcionen igual en el perro. Cuando hay duda diagnóstica, la inmunohistoquímica con uroplaquina III y GATA-3 confirma el origen urotelial (Knapp et al., 2014).

Mutación BRAF V595E en orina

  • Frecuencia: alrededor de 85% de los carcinomas uroteliales caninos tienen la mutación activadora BRAF V595E, análoga a la V600E del melanoma humano (Mochizuki et al., 2015; Decker et al., 2015).
  • Prueba: se detecta por PCR digital en una muestra de orina libre, con sensibilidad de 83% a 85% y especificidad cercana a 100%. En 8,365 muestras, 28.5% fueron positivas (Appenzeller et al., 2025).
  • Valor real: cuando no es posible obtener tejido o la citología es dudosa.
  • Límites: fue positiva en 33 de 80 perros sin evidencia de carcinoma, y solo 18% de ellos desarrolló la enfermedad en un seguimiento mediano de 18 meses; en la enfermedad temprana la especificidad bajó a 55% a 85% (Dhawan et al., 2022). Una prueba negativa no descarta el carcinoma, y una positiva sin lesión visible obliga a vigilar, no a tratar. No es aplicable en gatos.
  • En tejido: la inmunohistoquímica anti-BRAF V595E es útil en biopsias pequeñas (Aeschlimann et al., 2024).

Algoritmo diagnóstico

  1. Sospecha clínica: cistitis recurrente, hematuria persistente, raza de riesgo o disuria progresiva.
  2. Ultrasonido primero: antes de cualquier cistocentesis, evaluando la masa, el trígono, la uretra proximal, la próstata y los uréteres.
  3. Tejido accesible: si lo hay, cateterización traumática guiada o cistoscopia; si no, BRAF en orina y citología del sedimento.
  4. Confirmación: histopatología, con inmunohistoquímica si es necesario (uroplaquina III, GATA-3, BRAF V595E).
  5. Estadificación: radiografías de tórax en tres proyecciones y ultrasonido abdominal completo; tomografía si se planea cirugía o radioterapia.
  6. Nunca: aspirado ni biopsia percutánea de la masa vesical.


Estadificación y pronóstico

Estadificación

  • Radiografías de tórax: tres proyecciones.
  • Ultrasonido abdominal completo: masa y pared vesical, uretra proximal, próstata, ganglios linfáticos iliacos y sublumbares, uréteres y grado de hidronefrosis. La obstrucción ureteral se pasa por alto con frecuencia y cambia el manejo y el pronóstico.
  • Tomografía computarizada: si se planea cirugía o radioterapia.

El sistema TNM de la OMS se usa poco en la práctica; lo que cambia las decisiones es la obstrucción, la extensión a la uretra o la próstata y la presencia de metástasis (Owen, 1980).

Ultrasonido de seguimiento

Para vigilar la respuesta, la reproducibilidad importa más que la resolución: mismo equipo, mismo operador, misma posición y, sobre todo, misma distensión vesical. Conviene medir en tres dimensiones, calcular el volumen y guardar imágenes de referencia; de lo contrario, una “progresión” puede ser un artefacto de técnica y se cambia un tratamiento que estaba funcionando.

Comportamiento metastásico

MomentoGanglios linfáticosMetástasis a distancia
Al diagnóstico16%14%
En la necropsia42%58%

El pulmón es el sitio a distancia más frecuente (alrededor de 50%). La metástasis ósea ocurre en 10% a 15% de los casos (vértebras 50%, huesos apendiculares 40%, pelvis 25%, costillas 20%), siempre asociada con tumores de grado alto (Fulkerson y Knapp, 2015; Charney et al., 2017).

Pronóstico

  • Cifras clásicas: con antiinflamatorio no esteroideo (AINE) solo, alrededor de la mitad de los perros vive más de 6 meses; con AINE y quimioterapia, alrededor de la mitad vive más de un año (Fulkerson y Knapp, 2015).
  • Práctica no seleccionada: en 84 perros tratados entre 2005 y 2024, la mediana de supervivencia global fue de 233 días: 303 días con quimioterapia metronómica, 219 con quimioterapia convencional y 127 con AINE solo; la localización prostática tuvo el peor pronóstico, con 88 días (Chu et al., 2025).

Las cifras clásicas provienen de centros de referencia con criterios de selección; las de 2025 reflejan mejor la práctica general. El propietario merece conocer ambas.

Factores pronósticos evaluables en consulta

  • Obstrucción uretral o ureteral, y si es posible resolverla con un stent.
  • Localización prostática.
  • Metástasis a distancia, especialmente ósea.
  • Posibilidad real de cirugía o radioterapia.
  • Calidad de vida: es lo que determina cuándo el propietario suspende el tratamiento y, en la práctica, el desenlace (Blackburn et al., 2013; Chu et al., 2025).


Carcinoma prostático

La mayoría de los carcinomas prostáticos del perro tienen un origen ductal o urotelial, no acinar, y son independientes de los andrógenos:

  • Citoqueratina 7: positiva en el urotelio y el epitelio ductal, ausente en el epitelio secretor.
  • Receptor de andrógenos: su expresión nuclear disminuye o se pierde en el tumor.
  • BRAF: la mutación está presente en la mayoría de los carcinomas prostáticos caninos.
  • Castración: el riesgo es mayor en machos orquiectomizados que en enteros, al contrario de lo que ocurre en el hombre.

Fuentes: LeRoy et al., 2004; Lai et al., 2008; Sorenmo et al., 2003; Bryan et al., 2007. El carcinoma prostático glandular existe, pero su frecuencia real se desconoce y no hay marcadores que diferencien con fiabilidad ambos orígenes.

En la clínica, esto significa que la castración no es un tratamiento, la terapia antiandrogénica no tiene el papel que tiene en el hombre, y el tumor se diagnostica y se trata como un carcinoma urotelial (AINE, quimioterapia o lapatinib). La causa principal de muerte es la obstrucción uretral, por lo que conviene iniciar prazosina desde el diagnóstico, planear el stent antes de que sea una urgencia y vigilar el estreñimiento por efecto de masa (Cain et al., 2016; Chu et al., 2025).


Tratamiento médico

Principio operativo

El tratamiento médico es la base; la cirugía y el intervencionismo son complementos, no sustitutos. Tiene tres componentes que se administran juntos desde el primer día: antiinflamatorio (inhibidor de la COX), antineoplásico, y analgesia y bienestar. Se mantiene por tiempo indefinido mientras haya remisión o enfermedad estable con buena calidad de vida, y se cambia solo ante progresión, toxicidad no controlable o calidad de vida inaceptable (Fulkerson y Knapp, 2015).

Antiinflamatorios no esteroideos

  • Mecanismo: la vía COX-2/PGE₂ promueve proliferación, angiogénesis, metástasis y evasión inmunitaria; además, los AINE tienen efectos antineoplásicos independientes de la COX-2 (proapoptóticos, antiangiogénicos e inhibición de PDK-1/Akt). No hay correlación entre la expresión tumoral de COX-2 y la respuesta al AINE, por lo que no vale la pena medirla para decidir el tratamiento (Mutsaers et al., 2005; Alvarez et al., 2007; Jin et al., 2023).
  • Elección: el piroxicam (0.3 mg/kg PO cada 24 horas) es el de mayor experiencia publicada; los coxibs (deracoxib 3 mg/kg PO cada 24 horas, firocoxib, robenacoxib), el meloxicam y el carprofeno muestran resultados comparables. Se elige por tolerancia digestiva, comorbilidades y disponibilidad (McMillan et al., 2011; Knapp et al., 2013; Chu et al., 2025).
  • Vigilancia: toxicidad gastrointestinal, renal y hepática. Nunca combinar dos AINE ni un AINE con un corticosteroide. El omeprazol preventivo no redujo los efectos adversos y se asoció con más eventos gastrointestinales; la famotidina tampoco mostró beneficio (Shaevitz et al., 2021).
  • AINE como único agente: es una opción razonable cuando la quimioterapia no es viable. Se logra remisión parcial en 15% a 20% y enfermedad estable en 30% a 70%, con una supervivencia de alrededor de 6 meses, notablemente mejor en la enfermedad temprana. No es “no hacer nada”: es el escalón basal sobre el que se construye todo lo demás.

Quimioterapia convencional

FármacoDosisRemisión parcialEnfermedad estableIntervalo
Vinblastina3 mg/m² IV (2.5 mg/m² en perros de menos de 15 kg)25% a 60%14% a 86%Cada 2 semanas
Mitoxantrona5 a 6 mg/m² IV8% a 35%46% a 69%Cada 3 semanas
Carboplatino200 a 300 mg/m² IV3% a 36%50%Cada 3 semanas
GemcitabinaSegún protocolo publicado22%50%Semanal

Fuentes: Arnold et al., 2011; Allstadt et al., 2015; Marconato et al., 2011; Ciriano Cerdà et al., 2023; dosis de mitoxantrona y carboplatino según Chu et al., 2025. Todas se administran junto con un AINE, y no hay evidencia de que combinar dos citotóxicos mejore el resultado. La amplitud de los intervalos refleja series pequeñas y criterios de respuesta heterogéneos.

Cómo elegir:

  • Vinblastina: primera elección por su buena tolerancia y baja toxicidad; añadir piroxicam a la vinblastina aumenta la actividad (Knapp et al., 2016).
  • Mitoxantrona: alternativa de primera línea igualmente válida, útil si preocupa la función renal.
  • Carboplatino: precaución por su nefrotoxicidad, que se suma a la del AINE, la obstrucción y la infección urinaria. En el ensayo aleatorizado no tuvo ventaja sobre la mitoxantrona (Allstadt et al., 2015).
  • Gemcitabina: buena opción de rescate.

El AINE se mantiene siempre, en paralelo, sea cual sea el citotóxico.

Quimioterapia metronómica

El clorambucilo a 4 mg/m² PO cada 24 horas, en 31 perros (la mayoría con fallas previas), logró remisión parcial en 3% y enfermedad estable en 67%, con una mediana de supervivencia de 221 días y toxicidad mínima (Schrempp et al., 2013). En la serie de 2025 fue el grupo con mejor supervivencia (303 días) y menos efectos adversos (Chu et al., 2025), aunque se trata de un estudio retrospectivo con sesgo de selección. Actúa sobre el microambiente tumoral (efecto antiangiogénico e inhibición de fibroblastos y macrófagos asociados al tumor y de células T reguladoras), no solo sobre la célula tumoral (Chan et al., 2017; Burton et al., 2011). Es especialmente útil en el paciente geriátrico, con comorbilidades, con presupuesto limitado o tras la progresión, y no debe reservarse para el final.

Terapia dirigida

  • Bases: la mutación BRAF V595E (alrededor de 85%) activa de manera constitutiva la vía MAPK/ERK, y el tumor sobreexpresa EGFR (73%) y HER2 (60%), lo que ofrece tres puntos de inhibición: EGFR/HER2 (lapatinib), BRAF (vemurafenib) y MEK (trametinib) (Dhawan et al., 2015; Tsuboi et al., 2019; Millanta et al., 2018).
  • Lapatinib: inhibidor dual de EGFR y HER2 por vía oral. En 44 perros tratados de primera línea con lapatinib y AINE, la remisión fue completa en 2% y parcial en 52%, con enfermedad estable en 34%; la mediana de supervivencia fue de 435 días frente a 216 días con AINE solo en un grupo control histórico. Fue bien tolerado; deben vigilarse las transaminasas y los signos gastrointestinales (Maeda et al., 2022). Es un estudio de un solo centro, con control histórico, y su disponibilidad y costo varían según el país. En la persona, el lapatinib de mantenimiento no mejoró los resultados, porque allí la vía MAPK depende de otras mutaciones (Powles et al., 2017).
  • Vemurafenib: la dosis máxima tolerada fue de 37.5 mg/kg cada 12 horas, con remisión parcial en 38%, enfermedad estable en 53% y un tiempo a la progresión de 181 días, pero 18% de los perros desarrolló carcinoma de células escamosas cutáneo y papilomas (Rossman et al., 2021).
  • Trametinib: tiene actividad en líneas celulares y organoides y aumenta la sensibilidad al carboplatino, pero no hay datos clínicos publicados en carcinoma urotelial canino (Elbadawy et al., 2021).
  • Toceranib: remisión parcial en 7% y enfermedad estable en 80% durante unos 4 meses (Gustafson et al., 2019); combinarlo con vinblastina no mejoró la respuesta (Rippy et al., 2016).

Hoy, entre las terapias dirigidas, el lapatinib es la que tiene una relación beneficio-riesgo más favorable; el vemurafenib y el trametinib corresponden a la investigación o a centros de referencia.

Secuencia del tratamiento médico

SituaciónTratamiento
Primera líneaAINE con vinblastina o mitoxantrona; el AINE se mantiene indefinidamente
ProgresiónCambiar el citotóxico (mitoxantrona, carboplatino o gemcitabina) sin retirar el AINE
Segunda progresiónLapatinib con AINE, especialmente en localización prostática o con BRAF positivo
Paciente frágil o nueva progresiónClorambucilo metronómico 4 mg/m² PO cada 24 horas
En cualquier momentoReevaluar la obstrucción (prazosina o stent) y descartar infección urinaria antes de declarar progresión

Un paciente que empeora de repente casi nunca es un tumor que progresa de repente: suele tratarse de una infección o una obstrucción.


Control local

Cistectomía parcial

Solo tiene sentido si la lesión está alejada del trígono y permite una escisión con márgenes. Con cirugía sola, el intervalo libre de enfermedad fue de 85 a 235 días y la supervivencia de 335 a 348 días; con tratamiento médico adyuvante, el intervalo fue de 83 a 255 días y la supervivencia de 498 a 772 días (Bradbury et al., 2021; Marvel et al., 2017). La recurrencia local es casi la norma y con frecuencia hay lesiones múltiples, por lo que operar sin tratamiento médico posterior no es una estrategia. Son estudios retrospectivos con sesgo de selección.

Cistectomía total y derivación urinaria

Es técnicamente factible (derivación al prepucio o la vagina, ureterostomía cutánea), pero las complicaciones son graves y frecuentes: incontinencia, infección ascendente, pielonefritis y dehiscencia. Proviene de series pequeñas de centros muy especializados, no es una recomendación de rutina, y la conversación con el propietario sobre el cuidado posterior debe ocurrir antes de la cirugía (Saeki et al., 2015; Boston et al., 2014; Huppes et al., 2017).

Obstrucción uretral

  • Primero, tratamiento médico: el AINE reduce la inflamación peritumoral y a veces basta.
  • Antagonistas alfa-1: relajan el músculo liso uretral y prostático. Prazosina 0.05 a 0.2 mg/kg cada 12 horas (6 de 7 perros con estranguria grave tuvieron un resultado bueno o excelente) o tamsulosina 0.01 a 0.2 mg/kg cada 24 horas, de acción más prolongada. Vigilar la hipotensión, sobre todo en pacientes deshidratados o geriátricos (Cain et al., 2016).
  • Tubo de cistostomía de bajo perfil: alivio inmediato, pero la infección y el sembrado son frecuentes.
  • Stents uretrales: alivian la obstrucción y mejoran la calidad de vida en la mayoría de los pacientes, pero la estranguria puede persistir, la incontinencia ocurre en 25% a 39% de los casos y la mediana de supervivencia después de colocarlos es de 20 a 78 días (rango de 2 a 536). Es un procedimiento paliativo, no antineoplásico, y debe explicarse antes de colocarlo (Blackburn et al., 2013; McMillan et al., 2012; Weisse et al., 2014; Berent et al., 2011).

Ablación y electroquimioterapia

  • Ablación con láser guiada por endoscopia: limitada a lesiones discretas que obstruyen la uretra; puede causar perforación, estenosis uretral, infección y sembrado. La supervivencia es similar a la del tratamiento médico, con mejor calidad de vida (Cerf y Lindquist, 2012).
  • Electroquimioterapia con bleomicina IV: en 21 perros, la remisión fue completa en 62% y parcial en 24%, con una mediana de supervivencia de 284 días; 9.5% presentó estenosis ureteral que requirió intervención (Rangel et al., 2023). Es una serie sin grupo control: prometedora, no establecida.

Ambas requieren equipo y experiencia, y su disponibilidad es limitada.

Radioterapia

Los protocolos paliativos o hipofraccionados dan una supervivencia similar a la del tratamiento médico solo. La radioterapia de intensidad modulada guiada por imagen (IMRT/IGRT) logró remisión en alrededor de 60%, con un tiempo a la progresión de 317 días y una supervivencia de 654 días, con menos toxicidad que los protocolos convencionales (Nolan et al., 2012). El reto técnico es que la vejiga cambia de posición y volumen entre sesiones, lo que obliga a una imagen de planeación diaria (Nieset et al., 2011; Choy et al., 2016). Los riesgos incluyen cistitis, colitis y estenosis uretral. Es un criterio de derivación, no una opción cotidiana.


Cuidados de soporte

Infección urinaria

El riesgo es muy alto por la retención, los defectos estructurales, el daño del urotelio y la inmunosupresión. Un empeoramiento súbito de los signos no equivale a progresión: antes de cambiar el tratamiento antineoplásico hay que hacer examen general de orina y urocultivo. Los agentes más frecuentes son Escherichia coli y Staphylococcus spp.; mientras llega el cultivo pueden usarse amoxicilina con ácido clavulánico, cefpodoxima o trimetoprim con sulfonamida. No debe tratarse la bacteriuria subclínica, para evitar resistencias (Lippi et al., 2022).

Dolor

  • AINE: primera línea; todos son comparables en analgesia, y el tratamiento continuo es más eficaz que el intermitente (Lascelles et al., 2008).
  • Gabapentina: para el componente neuropático, con efecto ansiolítico; su eliminación rápida obliga a dosis frecuentes, y la sedación es su principal efecto adverso.
  • Amantadina: 3 a 5 mg/kg cada 24 horas, útil cuando ya hay sensibilización central.
  • Acetaminofén (paracetamol): analgésico sin efecto antiinflamatorio que puede sumarse al AINE, con precaución hepática; nunca en gatos.
  • Tramadol: su eficacia en el perro es controvertida por la escasa formación del metabolito activo; no debe usarse como analgésico único (KuKanich y Papich, 2004; Budsberg et al., 2018).

La meta principal del tratamiento no es la remisión, sino la calidad de vida.


Enfoques emergentes

  • Inhibidores de punto de control: el gilvetmab (anti-PD-1) mostró actividad en mastocitoma (46% de respuesta objetiva) y melanoma (20%), y se investiga en carcinoma urotelial (Chon et al., 2026).
  • Anti-HER2: anticuerpos y vacunas dirigidos contra HER2.
  • Combinaciones dirigidas: lapatinib con trametinib (Elbadawy et al., 2021).

Prometedor no es probado: la base sigue siendo el AINE con quimioterapia, y el mayor margen de mejora está en diagnosticar antes, no en el fármaco nuevo.

Puntos clave para el clínico

  • Cistitis recurrente en una raza de riesgo: ultrasonido antes de la siguiente cistocentesis.
  • No aspirar ni puncionar una masa vesical: el sembrado iatrogénico es real y está documentado.
  • BRAF en orina: ayuda cuando no hay tejido, pero no reemplaza la histopatología ni descarta la enfermedad.
  • Tratable, no curable: 75% a 80% logra control tumoral con buena calidad de vida.
  • Carcinoma prostático: es urotelial e independiente de andrógenos; la castración no es tratamiento, y la obstrucción es la principal causa de muerte.
  • El AINE va desde el primer día, junto con todo lo demás y por tiempo indefinido; la vinblastina o la mitoxantrona son la primera línea, el lapatinib una opción dirigida con buena evidencia y el clorambucilo metronómico una alternativa que no debe reservarse para el final.
  • Antes de declarar progresión: descartar infección urinaria y obstrucción, y comparar ultrasonidos hechos en las mismas condiciones.
  • Stents y cirugía: son paliativos o complementarios; deben explicarse sus límites antes de hacerlos.
  • Dolor desde el primer día: la meta primaria no es la remisión, sino la calidad de vida.


Referencias

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