Francisco J. Alvarez Berger DVM, MS, DACVIM (Oncología)
El linfoma es la neoplasia hematopoyética más frecuente del gato, y su perfil ha cambiado de forma radical en las últimas cuatro décadas. Antes era una enfermedad de gatos jóvenes positivos a leucemia viral felina, con predominio mediastínico y multicéntrico. Hoy predomina en gatos adultos y geriátricos negativos a retrovirus, y la forma más común es la gastrointestinal, en particular el linfoma intestinal de bajo grado. Aquí resumimos lo que se sabe hoy sobre su epidemiología, presentación, diagnóstico, tratamiento y pronóstico.
Epidemiología y etiología
El linfoma es la neoplasia hematopoyética más frecuente del gato, y su incidencia se estima en 100 a 200 casos por cada 100,000 gatos (Versteegh et al., 2023).
El cambio tras el control de la leucemia viral felina
- Retrovirus: hasta los años ochenta, cerca del 70% de los gatos con linfoma eran positivos a leucemia viral felina (FeLV). Con la vacunación y los programas de control, esa proporción cayó a 5–15% en estudios recientes; en una cohorte holandesa reciente solo 1 de 90 gatos fue positivo a FeLV y 3 a inmunodeficiencia felina (FIV) (Versteegh et al., 2023).
- Edad: el patrón bimodal clásico (un pico cerca de los 2 años y otro entre los 10 y 12) ya no es evidente. La mediana de edad pasó de 7 a 9 años en la misma población, aunque el linfoma mediastínico sigue afectando a gatos jóvenes.
- Formas anatómicas: en los Países Bajos, la forma mediastínica predominaba en 1984–2002 (36%); en 2011–2020 las más frecuentes fueron la gastrointestinal (25%) y la nasofaríngea (23%) (Versteegh et al., 2023). En conjunto, el linfoma intestinal de bajo grado es hoy la neoplasia digestiva más frecuente del gato y representa 60–75% de los linfomas gastrointestinales (Paulin et al., 2018).
- Raza y sexo: los machos están sobrerrepresentados en varias series. El Siamés y otras razas orientales siguen sobrerrepresentados en el linfoma mediastínico, aunque su proporción global ha disminuido.
Los autores concluyen que el cambio de perfil no se explica solo por la menor prevalencia de retrovirus, y que otros factores de riesgo han ganado importancia.
Factores de riesgo
- FeLV y FIV: siguen siendo factores de riesgo importantes en los gatos infectados. FeLV actúa como mutágeno insercional; FIV probablemente favorece el linfoma de forma indirecta, por inmunosupresión y estimulación antigénica crónica. Toda evaluación de un gato con linfoma debe incluir pruebas para ambos virus.
- Humo de tabaco: en un estudio de casos y controles, la exposición al humo de tabaco en casa aumentó el riesgo de linfoma unas 2.5 veces; con 5 años o más de exposición, unas 3 veces, y con dos o más fumadores en casa, unas 4 veces (Bertone et al., 2002).
- Inflamación intestinal crónica: la enteropatía crónica y el linfoma intestinal de bajo grado coexisten con frecuencia: hasta 60% de los casos de linfoma de bajo grado tienen enteritis linfoplasmocitaria concurrente. Se ha propuesto que la estimulación antigénica crónica favorece la transformación clonal, aunque no está demostrado que una enfermedad progrese hacia la otra (Marsilio et al., 2023).
Clasificación
El linfoma felino se clasifica por su localización anatómica y, cada vez más, por su tipo histológico según la clasificación de la OMS. Ambos ejes determinan el tratamiento y el pronóstico.
Clasificación anatómica
- Gastrointestinal: la más frecuente hoy. Puede afectar estómago, intestino delgado, región ileocecocólica y colon, con o sin ganglio linfatico mesentéricos e hígado.
- Mediastínica: masa en el mediastino craneal, frecuentemente con efusión pleural. Predomina en gatos jóvenes.
- Nodal periférica: poco común en el gato.
- Extranodal: nasal y nasofaríngea, renal, sistema nervioso central, ocular, cutánea, laríngea y traqueal, entre otras.
- Multicéntrica: afección de varios ganglios linfaticos y órganos. A diferencia del perro, es poco frecuente en el gato.
Independientemente del sitio de origen, la enfermedad puede diseminarse a bazo, hígado y médula ósea.
Clasificación histológica e inmunofenotipo
La clasificación de la OMS, adaptada de la humana, distingue entidades con comportamiento muy distinto. En el tubo digestivo, las más relevantes son:
Tipo | Inmunofenotipo | Tamaño celular | Comportamiento |
Linfoma intestinal de bajo grado (antes EATL tipo II) | T | Pequeño | Indolente; evolución de meses a años |
Linfoma de células T asociado a enteropatía tipo I (EATL I) | T | Intermedio a grande | Agresivo |
Linfoma de linfocitos grandes granulares (LGL) | T o NK | Grande, con gránulos citoplasmáticos | Muy agresivo |
Linfoma difuso de células B grandes | B | Grande | Agresivo |
En un estudio de 32 masas gastrointestinales de células intermedias a grandes, todos los linfomas gástricos y los ileocecales fueron difusos de células B grandes, mientras que en el intestino delgado predominaron los linfomas T tipo EATL I (Rütgen et al., 2024). En general, el linfoma T de la mucosa suele ser de células pequeñas, y los linfomas transmurales, sean B o T, suelen ser de células intermedias a grandes (Marsilio et al., 2023).
El grado (bajo frente a intermedio o alto) es el factor que más cambia el manejo: el linfoma de bajo grado se trata con quimioterapia oral de baja intensidad y tiene supervivencias de años; los de grado intermedio a alto requieren protocolos combinados y su pronóstico se mide en meses.
Linfoma gastrointestinal
El linfoma gastrointestinal es la forma más común del gato y engloba tres enfermedades con comportamiento muy distinto: el linfoma de bajo grado, el de grado intermedio a alto y el de linfocitos grandes granulares. El linfoma es la neoplasia más frecuente del intestino delgado felino y la segunda del colon, después del adenocarcinoma.
Linfoma intestinal de bajo grado (de células pequeñas)
Es un linfoma T de linfocitos pequeños y maduros que infiltra la mucosa (lámina propia y epitelio) de forma difusa, sobre todo en yeyuno e íleon. Alrededor del 90% son CD3+ (Paulin et al., 2018). El consenso del ACVIM de 2023 lo denomina linfoma intestinal T de bajo grado (Marsilio et al., 2023).
- Paciente: gatos de mediana edad a geriátricos; mediana de 13 años. Es muy poco común antes de los 8 años.
- Evolución: los signos llevan meses antes del diagnóstico (mediana de un año en el consenso del ACVIM, frente a unos 3.5 meses en la enteropatía crónica).
- Signos clínicos: pérdida de peso (80–90%), vómito (70–80%), hiporexia (60–70%) y diarrea (50–65%). Algunos gatos tienen polifagia, letargia o, rara vez, ictericia (Paulin et al., 2018). La pérdida de peso es el signo más constante; la diarrea no es el signo dominante.
- Exploración: engrosamiento de asas intestinales palpable en muchos casos; los ganglios linfáticos mesentéricos pueden estar agrandados.
- Laboratorio: hipocobalaminemia en 50–80% de los casos. Ninguna prueba de laboratorio distingue el linfoma de la enteropatía crónica.
Diferenciación de la enteropatía crónica. Es el principal reto diagnóstico. La enteropatía crónica (antes llamada enfermedad inflamatoria intestinal) y el linfoma de bajo grado comparten signos, hallazgos ecográficos e incluso pueden coexistir: hasta 60% de los linfomas de bajo grado tienen enteritis linfoplasmocitaria concurrente (Marsilio et al., 2023).
- Ultrasonido: el engrosamiento difuso de la pared, en particular de la capa muscular, aparece en ambas enfermedades. En el linfoma, la mucosa yeyunal y los ganglios linfáticos yeyunales tienden a ser más gruesos (mediana de 6.7 frente a 4.2 mm), más redondeados e hipoecoicos, y la efusión abdominal leve es más frecuente (45% frente a 14%). Un ultrasonido normal no descarta el linfoma.
- Biopsia: la histopatología con inmunohistoquímica es el estándar. Por endoscopia se recomiendan al menos 6 biopsias duodenales y 3 a 5 ileales, ya que el íleon suele estar afectado. La laparotomía permite muestras de espesor completo del yeyuno y de ganglios linfáticos, pero tiene más riesgo y suele dar menos muestras.
- Clonalidad (PARR): apoya el diagnóstico en casos dudosos, pero la clonalidad no equivale a malignidad: hay procesos reactivos clonales y linfomas que no lo parecen. No debe usarse sola para reclasificar como linfoma a un gato diagnosticado con enteropatía.
Tratamiento. Se trata con quimioterapia oral de baja intensidad: clorambucilo más prednisolona.
Estudio | Gatos | Clorambucilo | Respuesta | Remisión mediana | Supervivencia mediana |
Kiselow et al., 2008 | 41 | 2 mg/gato VO cada 48 h | 95% (56% completa) | 897 días | 704 días |
Stein et al., 2010 | 28 | 20 mg/m² VO cada 2 semanas | 96% | 786 días | — |
Fondacaro et al., 1999 | 29 | 15 mg/m² VO diario por 4 días, cada 3 semanas | 69% completa | 615 días | 510 días |
Lingard et al., 2009 | 12 | 15 mg/m² VO diario por 4 días, cada 3 semanas | — | 505 días | 513 días |
Pope et al., 2015 | 56 | Esquemas variados | 86% | 1078 días (sin progresión) | 1317 días |
La respuesta suele ser lenta y puede tardar semanas a meses en ser completa. La suplementación de cobalamina (250 µg SC semanal por al menos 6 semanas, luego según los niveles) es parte del manejo.
Rescate. Ante la recaída, la ciclofosfamida (200–250 mg/m² VO en los días 1 y 3, cada 2 semanas) con prednisolona logró respuesta en todos los gatos tratados en la serie de Stein (Paulin et al., 2018). En la serie de Pope, el rescate con clorambucilo y prednisona se asoció con mayor supervivencia que el rescate con lomustina (más de 1500 frente a 492 días). Otras opciones son los protocolos COP o la lomustina.
Linfoma gastrointestinal de grado intermedio a alto
Suele ser transmural, formar masas o engrosamientos segmentarios y afectar estómago, intestino delgado, región ileocecocólica, ganglios linfáticos mesentéricos e hígado. Puede ser T (tipo EATL I) o B (difuso de células grandes), y estos últimos predominan en estómago y región ileocecal (Rütgen et al., 2024).
- Presentación: signos similares al bajo grado, pero de evolución rápida (días a pocas semanas). Es frecuente palpar una masa abdominal. Puede causar obstrucción, intususcepción o perforación con peritonitis.
- Diagnóstico: la citología por aspirado guiado por ultrasonido suele ser diagnóstica.
- Tratamiento: quimioterapia combinada (COP o CHOP). En 57 gatos con linfoma alimentario de alto grado o LGL tratados con COP o CHOP, la respuesta global fue de 42% (20% completa), con supervivencia libre de progresión mediana de 148 días y supervivencia global de 131 días. La afección difusa del tubo digestivo y de órganos no hematopoyéticos empeoró el pronóstico (Marques et al.).
- Cirugía: está indicada ante obstrucción, perforación o una masa solitaria. En 40 gatos con masas de células intermedias a grandes resecadas, la supervivencia mediana fue de 96 días en todos y de 185 días en los que sobrevivieron al posoperatorio. La localización en colon (675 días) y los márgenes completos (213 frente a 72 días) se asociaron con mayor supervivencia (Tidd et al., 2019). La quimioterapia posoperatoria sigue recomendándose, aunque en esa serie no mostró beneficio estadístico por el número pequeño de gatos.
Linfoma de linfocitos grandes granulares (LGL)
Es un linfoma de células T citotóxicas o NK con gránulos citoplasmáticos azurófilos. Afecta sobre todo intestino delgado, ganglios linfáticos mesentéricos e hígado, y puede circular en sangre. Es la forma gastrointestinal más agresiva.
En 109 gatos, 92% tenía afección gastrointestinal; 31% presentó anemia, 39% aumento de ALT, 28% hipoalbuminemia y 13% células neoplásicas circulantes. La supervivencia mediana fue de solo 21 días, y apenas 7% sobrevivió más de 6 meses. El subestadio b, las células circulantes, no recibir quimioterapia y la falta de respuesta se asociaron con menor supervivencia (Finotello et al., 2018).
Linfoma mediastínico
Es la forma clásica del gato joven. Aunque antes se asociaba casi siempre a FeLV, hoy la mayoría de los gatos afectados son negativos a retrovirus, y la respuesta a la quimioterapia suele ser buena.
- Paciente: en 55 gatos del Reino Unido, la mediana de edad fue de 3 años, con picos cerca de 1 y de 8 años. El Siamés representó 22% de los casos, siempre menores de 5 años, y la relación macho:hembra fue de 3.2:1. Solo 9% fue positivo a FeLV y 4% a FIV (Fabrizio et al., 2014).
- Signos clínicos: disnea, taquipnea, intolerancia al ejercicio, ruidos cardiacos y pulmonares apagados y un mediastino craneal no compresible a la palpación. Algunos gatos presentan disfagia o regurgitación por compresión esofágica, y síndrome de Horner o edema de cabeza y cuello por compresión de estructuras vecinas.
- Efusión pleural: es frecuente; puede ser un trasudado modificado serohemorrágico o quilosa. Si los signos respiratorios son graves, la toracocentesis es lo primero, antes de cualquier otro estudio.
- Inmunofenotipo: predominantemente T.
- Hipercalcemia: es un síndrome paraneoplásico poco común en el gato, pero cuando aparece suele asociarse a esta forma.
Diagnóstico. Las radiografías o el ultrasonido de tórax muestran la masa mediastínica, con o sin efusión. Es preferible aspirar la masa guiado por ultrasonido y no solo la efusión, ya que el líquido puede ser quilo o un trasudado con pocas células neoplásicas. El diagnóstico diferencial principal es el timoma, que en general tiene una población linfoide pequeña y madura y células epiteliales; la citometría de flujo ayuda a distinguirlos.
Respuesta y pronóstico. En la serie de Fabrizio, la respuesta global a la quimioterapia fue de 95% (63% completa). La supervivencia mediana fue de 373 días: 484 con COP y 211 con un protocolo tipo Madison-Wisconsin, sin diferencia significativa. La remisión completa fue el único factor pronóstico: 980 días frente a 42 días con respuesta parcial. La edad, la raza y el estado frente a retrovirus no influyeron.
Linfoma nodal y linfoma tipo Hodgkin
Linfoma nodal periférico. A diferencia del perro, la linfadenopatía periférica generalizada por linfoma es poco frecuente en el gato. Cuando aparece, hay que estadificar para descartar enfermedad en otros órganos, y debe distinguirse de la hiperplasia linfoide reactiva, incluida la hiperplasia distintiva de ganglios linfáticos periféricos de gatos jóvenes, que puede imitar un linfoma en la histología (Moore et al., 1986).
Linfoma tipo Hodgkin. Es una forma rara que afecta de manera inicial un ganglio linfático solitario o regional de cabeza y cuello, sobre todo mandibular o cervical. En una serie de 20 gatos, 18 tenían 6 años o más (Walton y Hendrick, 2001).
- Histología: se describen variantes de predominio linfocítico, celularidad mixta y esclerosis nodular, con células tipo Reed-Sternberg (binucleadas o multinucleadas) o células linfohistiocíticas “en palomita”, escasas entre un fondo abundante de linfocitos T reactivos. El principal diagnóstico diferencial es el linfoma B rico en células T.
- Comportamiento: parece menos agresivo que otros linfomas felinos; algunos gatos sin tratamiento vivieron de 7 meses a 4 años. El diagnóstico requiere biopsia escisional del ganglio linfático.
- Tratamiento: la extirpación quirúrgica del ganglio linfático afectado puede controlar la enfermedad localizada. Si hay recidiva o afección de ganglios linfáticos regionales, se considera radioterapia o quimioterapia. La evidencia proviene de series pequeñas y reportes de caso.
Linfoma extranodal
Los signos clínicos dependen del órgano afectado. Las localizaciones extranodales más frecuentes en el gato son la nasal, la renal, el sistema nervioso central, la ocular y la cutánea.
Linfoma nasal y nasofaríngeo
Es la forma extranodal más frecuente y una de las de mejor pronóstico.
- Características: suele ser localizado, aunque puede diseminarse en una proporción de casos durante la evolución. La mayoría son de grado intermedio a alto y de inmunofenotipo B.
- Signos clínicos: descarga nasal (a menudo unilateral al inicio), estornudos, estertor o estridor, epistaxis, deformidad facial, epífora, disminución del flujo de aire, hiporexia y, en la forma nasofaríngea, respiración con la boca abierta y disfagia. Puede haber linfadenopatía mandibular.
- Diagnóstico: tomografía de cabeza y biopsia por rinoscopia o por vía nasal. La tomografía permite valorar la lisis de la placa cribiforme y planificar la radioterapia.
- Pronóstico: en 97 gatos, la supervivencia mediana fue de 536 días considerando solo las muertes por linfoma. La anemia se asoció con peor supervivencia, y la remisión completa y una dosis total de radiación mayor de 32 Gy, con mejor supervivencia (Haney et al., 2009). No hubo diferencia significativa entre radioterapia sola, radioterapia con quimioterapia y quimioterapia sola.
Linfoma renal
Es la segunda forma extranodal en frecuencia y puede presentarse solo o junto con linfoma gastrointestinal o multicéntrico.
- Signos clínicos: hiporexia, pérdida de peso, poliuria y polidipsia, letargia. A la palpación, los riñones suelen estar agrandados e irregulares, casi siempre de forma bilateral.
- Laboratorio: anemia y azotemia son frecuentes (17 de 26 gatos en una serie reciente).
- Diagnóstico: el ultrasonido muestra renomegalia, a menudo con bordes irregulares, nódulos hipoecoicos o un halo subcapsular hipoecoico. El aspirado renal con aguja fina suele ser diagnóstico.
- Relación con el sistema nervioso: históricamente se describió afección del sistema nervioso central en una proporción importante de gatos con linfoma renal, por lo que se recomiendan protocolos con fármacos que crucen la barrera hematoencefálica. En una serie reciente de 27 gatos, solo uno tuvo afección del SNC (Williams et al., 2021).
- Pronóstico: en esa serie, la supervivencia mediana fue de 203 días con L-CHOP y de 42 a 50 días con corticosteroides solos; ni el estadio, ni la azotemia, ni la anemia predijeron la supervivencia.
Linfoma del sistema nervioso
Puede ser intracraneal, medular, de nervios periféricos o combinado, y es una de las neoplasias más frecuentes del sistema nervioso del gato. Puede ser primario o parte de una enfermedad multicéntrica.
- Linfoma medular: en 27 gatos, la mediana de edad fue de 5 años con distribución bimodal; 43% de los evaluados fue positivo a FeLV, sobre todo los jóvenes (64% de los gatos de 2.5 años o menos). El inicio fue agudo a subagudo, con paraparesia progresiva como motivo de consulta en casi todos, y dolor espinal en un tercio. La región lumbar y lumbosacra fue la más afectada. En la resonancia, 44% tenía una lesión epidural única, a menudo circunferencial a la médula, y 41% tenía afección de tejidos blandos paravertebrales (Lorenzo et al., 2022).
- Linfoma intracraneal: produce ataxia, alteración del estado de conciencia, cambios de conducta, ceguera central, convulsiones o signos vestibulares centrales, según la localización. Las lesiones pueden ser focales, multifocales o difusas.
- Pronóstico: suele ser pobre. En la serie de linfoma medular, 41% de los gatos no sobrevivió más de una semana, y los tratados con cirugía y quimioterapia vivieron de 1 a 6 meses.
- Regla práctica: si un gato con linfoma desarrolla signos neurológicos que no tenía al diagnóstico, debe asumirse afección del sistema nervioso y usar fármacos con buena penetración (citarabina, lomustina).
Linfoma ocular
Se presenta como uveítis anterior, engrosamiento o masas en el iris, hipema o desprendimiento de retina, de forma unilateral o bilateral. Puede ser primario o parte de una enfermedad multicéntrica, por lo que siempre hay que estadificar. El diagnóstico se apoya en citología del humor acuoso o en histopatología tras la enucleación.
Linfoma cutáneo
Es poco frecuente y fácil de confundir con otras dermatopatías por su presentación tan variable.
- Presentación: en 41 gatos, la mediana de edad fue de 12 años y predominaron los machos. Las lesiones más frecuentes fueron nódulos o masas (27 gatos), eritema, costras y alopecia, y fueron multifocales en 26. Se localizaron en extremidades, tronco, cabeza y cuello (Siewert et al., 2021).
- Tipos: a diferencia del perro, en el gato predomina la forma no epiteliotrópica (29 de 34 tratados). El inmunofenotipo T fue más frecuente que el B.
- Diagnóstico: requiere biopsia, idealmente con inmunohistoquímica.
- Tratamiento y pronóstico: no hay un tratamiento estándar. Se han usado cirugía, radioterapia, lomustina, CHOP, clorambucilo y prednisolona. De 34 gatos tratados, 20 respondieron; los no tratados vivieron una mediana de 14 días, y los que tenían lesiones en cabeza o cara, 127 días. Recibir tratamiento y responder se asociaron con mayor supervivencia.
Linfoma laríngeo y traqueal
Es una causa importante de obstrucción de vías aéreas superiores en el gato. Produce estridor, disfonía y disnea inspiratoria. El diagnóstico se hace por citología o biopsia de la masa durante la laringoscopia o traqueoscopia, y el tratamiento combina quimioterapia y, en casos seleccionados, radioterapia.
Diagnóstico y estadificación
El objetivo es confirmar el linfoma, definir su grado e inmunofenotipo y establecer su extensión, porque estos tres datos deciden el protocolo.
Evaluación inicial en todos los gatos
- Hemograma, química sanguínea y examen general de orina. Buscar anemia, citopenias, azotemia, hipercalcemia, hipoalbuminemia y aumento de enzimas hepáticas.
- Pruebas para FeLV y FIV.
- Cobalamina y folato séricos en el linfoma gastrointestinal: la hipocobalaminemia es frecuente y debe corregirse.
- Imagen: radiografías de tórax (tres proyecciones) y ultrasonido abdominal en todos los casos. La tomografía es preferible en el linfoma nasal y útil en el mediastínico.
- Aspirado de médula ósea si hay citopenias inexplicadas o células atípicas en sangre.
- Resonancia magnética y análisis de líquido cefalorraquídeo si hay signos neurológicos.
Citología
En los linfomas de células intermedias a grandes, la citología del órgano afectado (masa, ganglio linfático, riñón, mediastino) suele ser diagnóstica. En el linfoma de células pequeñas, en cambio, la citología rara vez distingue entre linfoma e inflamación linfocítica, y se necesita biopsia.
Histopatología e inmunohistoquímica
La histopatología tiene mayor valor diagnóstico y pronóstico que la citología, porque permite valorar la arquitectura, el grado y el patrón de infiltración. Siempre que sea posible debe obtenerse biopsia. La inmunohistoquímica (CD3 para T; CD20, CD79a o PAX5 para B; granzima B en el linfoma LGL) define el inmunofenotipo. En el linfoma gastrointestinal de bajo grado, la elección entre endoscopia y laparotomía y el número de muestras se describen en la sección correspondiente.
Pruebas de clonalidad (PARR)
La PCR para reordenamiento de receptores de antígeno ayuda en casos dudosos, sobre todo para distinguir linfoma de bajo grado de inflamación. Su rendimiento depende del juego de cebadores: en tejido fijado en formalina, la mejor combinación alcanzó 81% de sensibilidad y 91% de especificidad en linfomas T, pero solo 72% de sensibilidad y 64% de especificidad en linfomas B (Weyrich et al., 2024). Un resultado negativo no descarta el linfoma, y uno positivo debe interpretarse con la histología: la clonalidad no equivale a malignidad.
Citometría de flujo
En muestras frescas de masas, ganglios linfáticos, efusiones o sangre, la citometría de flujo define rápidamente el inmunofenotipo. En 32 masas gastrointestinales, coincidió con la inmunohistoquímica en 88% de los casos (Rütgen et al., 2024). También ayuda a distinguir linfoma de timoma en masas mediastínicas.
Estadificación
Se usa el sistema de la OMS adaptado a animales domésticos o el sistema propio del gato, que agrupa la enfermedad desde un tumor único o una sola región ganglionar (estadio I) hasta la afección del sistema nervioso central o la médula ósea (estadio V), con subestadio a o b según haya o no signos sistémicos. En el gato, el estadio predice el pronóstico mucho menos que la respuesta al tratamiento: en varias series recientes no fue un factor significativo (Gustafson et al., 2014; Williams et al., 2021), mientras que el subestadio b sí se asoció con peor pronóstico en el linfoma LGL.
Tratamiento
La quimioterapia es el tratamiento de elección del linfoma felino, salvo en formas localizadas como el linfoma nasal, donde la radioterapia tiene un papel central. Sin tratamiento, la mayoría de los gatos con linfoma de grado intermedio a alto mueren en semanas. Los gatos suelen tolerar bien la quimioterapia, con efectos adversos leves en la mayoría de los casos.
Linfoma de grado intermedio a alto: protocolos de inducción
No existe un protocolo estándar único. Los más usados son COP (ciclofosfamida, vincristina y prednisolona) y los protocolos tipo CHOP, que añaden doxorrubicina. A diferencia del perro, en el gato no se ha demostrado que añadir doxorrubicina mejore los resultados.
Protocolo | Gatos | Resultado | Fuente |
Lomustina sola | 39 | Intervalo libre de progresión mediano de 39 días; 169 días en linfoma de células pequeñas a intermedias y 180 días en el gastrointestinal, frente a 21 días en el de células grandes | |
Lomustina, metotrexato y citarabina (LMC) | 13 | 46% de respuesta (4 completas); supervivencia libre de progresión de 61 días, 307 en respondedores | |
Doxorrubicina | 23 | 9% de respuesta completa y 9% parcial; los autores concluyen que no es un rescate eficaz |
Las series no son comparables entre sí (diferentes poblaciones, sitios anatómicos y criterios de respuesta), pero coinciden en un punto: la remisión completa es el factor pronóstico más importante. En la serie UW-25, los gatos en remisión completa vivieron una mediana de 318 días, los de respuesta parcial 85 y los que no respondieron 27.
Consideraciones prácticas:
- Vincristina: puede causar hiporexia, constipación e íleo en gatos. Si ocurre, se sustituye por vinblastina.
- Doxorrubicina: en el gato se dosifica por peso (1 mg/kg) y no se considera cardiotóxica a dosis habituales, pero puede ser nefrotóxica, sobre todo en gatos con enfermedad renal previa; hay que vigilar la creatinina antes de cada dosis (estudio retrospectivo, 2020).
- Mantenimiento: la tendencia actual es usar protocolos de duración fija, sin mantenimiento prolongado, como el UW-25. Si se decide dar mantenimiento, puede hacerse con clorambucilo y prednisolona, con o sin vincristina o vinblastina alternadas.
- Cirugía: indicada ante obstrucción, perforación o una masa intestinal solitaria, seguida de quimioterapia.
Linfoma intestinal de bajo grado
No requiere protocolos COP o CHOP. El tratamiento de elección es clorambucilo con prednisolona, con respuestas mayores de 85% y supervivencias medianas de 1.5 a más de 3 años (ver la sección de linfoma gastrointestinal). Si no se logra remisión completa, o ante la recaída, las opciones son ciclofosfamida, lomustina o un protocolo COP.
Tratamiento según la localización
- Nasal: la radioterapia es el tratamiento de elección; dosis totales mayores de 32 Gy se asociaron con mayor supervivencia (Haney et al., 2009). Puede seguirse de quimioterapia sistémica, dado el riesgo de diseminación. Si no hay radioterapia disponible, la quimioterapia sola es una alternativa válida.
- Mediastínico: quimioterapia combinada (COP o CHOP). La radioterapia puede acelerar la reducción de la masa en gatos con compromiso respiratorio grave. Las efusiones se drenan según sea necesario.
- Renal: quimioterapia combinada. Por el riesgo histórico de afección del sistema nervioso, muchos oncólogos incluyen citarabina o lomustina.
- Sistema nervioso central y ocular: los protocolos deben incluir fármacos que crucen la barrera hematoencefálica y hematoocular: citarabina (protocolo COAP o CHOP con citarabina), administrada en infusión continua o por vía subcutánea, y lomustina. La combinación de lomustina y corticosteroides se ha propuesto recientemente como una opción válida en gatos con linfoma presuntivo del sistema nervioso central (JAVMA, 2026). La radioterapia controla lesiones localizadas.
- Cutáneo: cirugía o radioterapia para lesiones solitarias; lomustina, CHOP o clorambucilo con prednisolona para lesiones múltiples.
- Tipo Hodgkin: extirpación quirúrgica del ganglio linfático afectado; quimioterapia o radioterapia si hay recidiva.
Quimioterapia de rescate
Los protocolos de rescate son menos eficaces en el gato que en el perro: responde menos de la mitad de los gatos, y la respuesta suele durar menos que la primera remisión.
Protocolo | Gatos | Resultado | Fuente |
Lomustina sola | 39 | Intervalo libre de progresión mediano de 39 días; 169 días en linfoma de células pequeñas a intermedias y 180 días en el gastrointestinal, frente a 21 días en el de células grandes | |
Lomustina, metotrexato y citarabina (LMC) | 13 | 46% de respuesta (4 completas); supervivencia libre de progresión de 61 días, 307 en respondedores | |
Doxorrubicina | 23 | 9% de respuesta completa y 9% parcial; los autores concluyen que no es un rescate eficaz |
También se han descrito protocolos con mecloretamina, como MOPP (MaloneyHuss et al., 2020) y MOMP (Martin y Price, 2018), y la mitoxantrona. Si la doxorrubicina no se usó en la inducción, un protocolo con doxorrubicina es una opción razonable de rescate.
En la lomustina conviene vigilar hemograma y enzimas hepáticas antes de cada dosis: en la serie de Dutelle hubo trombocitopenia frecuente y un caso de insuficiencia hepática tras dosis repetidas.
Cuidados de soporte
Son tan importantes como la quimioterapia para la calidad de vida y la tolerancia al tratamiento:
- Nutrición: estimulantes del apetito (mirtazapina, incluida su presentación transdérmica para gatos) y, si la hiporexia persiste, sondas de alimentación esofágicas.
- Antieméticos: maropitant u ondansetrón, sobre todo con ciclofosfamida, doxorrubicina y lomustina.
- Cobalamina: suplementación en el linfoma gastrointestinal.
- Drenaje de efusiones en el linfoma mediastínico.
- Calidad de vida: los estudios de percepción de los propietarios, con COP (Tzannes et al., 2008) y con UW-25 modificado (Thornton et al., 2018), muestran que la mayoría de los gatos mantiene una buena calidad de vida durante la quimioterapia.
Protocolos de quimioterapia
Las dosis son de referencia. Antes de cada tratamiento debe revisarse el hemograma (neutrófilos y plaquetas) y, según el fármaco, la función renal y hepática, y ajustar la dosis o el intervalo según la tolerancia.
Semana | Fármaco | Dosis |
1 | Vincristina* | 0.5 mg/m² IV |
1 | Prednisolona** | 40 mg/m² VO cada 24 h por 7 días; después 20–25 mg/m² cada 48 h |
2 | Ciclofosfamida | 200 mg/m² VO |
3 | Vincristina | 0.5 mg/m² IV |
4 | Doxorrubicina | 1 mg/kg IV |
6 | Vincristina | 0.5 mg/m² IV |
7 | Ciclofosfamida | 200 mg/m² VO |
8 | Vincristina | 0.5 mg/m² IV |
9 | Doxorrubicina | 1 mg/kg IV |
Después de la semana 9, continuar el ciclo cada 2 semanas por dos ciclos. Si la remisión completa se mantiene a la semana 25, continuar cada 3 semanas.
* Si se usa vinblastina en lugar de vincristina: 1.5 mg/m² IV.
** En gatos difíciles de medicar por vía oral, la prednisolona puede sustituirse por dexametasona 1 mg/kg VO o SC cada 7 días.
Linfoma intestinal de bajo grado: clorambucilo y prednisolona
Esquemas de clorambucilo publicados (Paulin et al., 2018):
- Continuo: 2 mg por gato VO cada 48 horas.
- Pulsos: 20 mg/m² VO cada 2 semanas.
- Pulsos de 4 días: 15 mg/m² VO diario por 4 días, cada 3 semanas.
Se acompaña de prednisolona, con reducción gradual hasta la dosis mínima eficaz. En la serie de Pope, el tratamiento se suspendió al año si había remisión clínica completa (Pope et al., 2015).
Rescate del bajo grado: ciclofosfamida 200–250 mg/m² VO en los días 1 y 3, cada 2 semanas, con prednisolona.
Protocolos de rescate para linfoma de grado intermedio a alto
Protocolo AC (si no se usó un protocolo tipo CHOP en la inducción)
- Doxorrubicina 1 mg/kg IV cada 21 a 28 días.
- Ciclofosfamida 100 mg/m² VO en los días 10 y 11 después de la doxorrubicina.
- Prednisolona (o prednisona)* 40–50 mg/m² cada 24 h por 7 días; después 20–25 mg/m² cada 48 h.
Lomustina
- Lomustina 50 mg/m² (o 1.5 a 2 mg/kg) VO cada 3 a 4 semanas. En la serie de Dutelle, la dosis mediana fue de 44 mg/m² (10 mg por gato).
- Prednisolona (o prednisona)* 40–50 mg/m² cada 24 h por 7 días; después 20–25 mg/m² cada 48 h.
Lomustina y vinblastina (ciclo de 28 días)
- Día 1: lomustina 50 mg/m² (o 1.5 a 2 mg/kg) VO.
- Día 14: vinblastina 1.5 mg/m² IV.
- Prednisolona (o prednisona)* 40–50 mg/m² cada 24 h por 7 días; después 20–25 mg/m² cada 48 h.
LMC: lomustina, metotrexato y citarabina (dosis iniciales medianas en Smallwood et al., 2021)
- Lomustina 40 mg/m² VO.
- Citarabina 286 mg/m² SC.
- Metotrexato 0.57 mg/kg IV.
- Prednisolona alrededor de 1 mg/kg.
MOPP
- Días 1 y 7: mecloretamina 2 a 3 mg/m² IV.
- Días 1 y 7: vincristina 0.35 a 0.4 mg/m² IV.
- Días 0 a 13: procarbazina 10 mg VO cada 24 h.
- Días 0 a 28: prednisolona 5 a 10 mg cada 24 h.
MiCC: mitoxantrona, citarabina y clorambucilo (cada 21 a 28 días)
- Día 1: mitoxantrona 4.5 a 5 mg/m² IV y citarabina 250 mg/m² SC.
- Día 14: clorambucilo 20 mg/m² VO o ciclofosfamida 200 mg/m² VO.
- Prednisolona (o prednisona)* 40–50 mg/m² cada 24 h por 7 días; después 20–25 mg/m² cada 48 h.
* En lugar de la prednisolona puede usarse dexametasona 1 mg/kg VO o SC cada 7 días.
Linfoma del sistema nervioso y ocular
- Citarabina: 200 a 250 mg/m² IV en infusión continua de 24 horas, o dividida por vía subcutánea, como parte del protocolo de inducción (COAP o CHOP con citarabina).
- Lomustina: puede usarse en inducción, mantenimiento o rescate por su buena penetración en el sistema nervioso central.
Pronóstico
El pronóstico del linfoma felino depende sobre todo del grado, de la localización y, por encima de todo, de la respuesta al tratamiento. Las cifras provienen de estudios retrospectivos con poblaciones y protocolos distintos; sirven como orientación, no como predicción individual.
Forma y tratamiento | Supervivencia mediana | Fuente |
Linfoma intestinal de bajo grado, clorambucilo + glucocorticoide | 1317 días | |
Linfoma intestinal de bajo grado, clorambucilo + prednisolona | 704 días | |
Nasal, radioterapia y/o quimioterapia (solo muertes por linfoma) | 536 días | |
Mediastínico, quimioterapia (COP o similar) | 373 días (980 en remisión completa) | |
Todas las formas, COP modificado | 274 días | |
Grado intermedio a alto, CMOP | 206 días | |
Renal, L-CHOP | 203 días | |
Gástrico, quimioterapia (principalmente CHOP) | 171 días (431 en remisión completa) | |
Masa gastrointestinal de células intermedias a grandes, resección quirúrgica | 96 días (185 si sobrevive al posoperatorio) | |
Alimentario de alto grado o LGL, COP o CHOP | 131 días | |
Grado intermedio a alto, CHOP UW-25 | 97 días (318 en remisión completa) | |
Linfoma de linfocitos grandes granulares | 21 días | |
Cutáneo sin tratamiento | 14 días |
Factores pronósticos
- Respuesta al tratamiento: es el factor más consistente en todas las series. Los gatos en remisión completa viven varias veces más que los que logran solo respuesta parcial o no responden.
- Grado: el linfoma de bajo grado tiene supervivencias de años; los de grado intermedio a alto, de meses.
- Tipo LGL: es el de peor pronóstico, con supervivencias medianas de semanas.
- Localización: el linfoma nasal y el mediastínico que responden tienen las supervivencias más largas entre las formas de alto grado. El alimentario de alto grado logra remisión completa con menos frecuencia (30% frente a 52% de otros sitios en la serie UW-25), y en esa serie el renal tuvo la supervivencia más corta.
- Subestadio b, anemia y células neoplásicas circulantes: se asociaron con peor pronóstico en el linfoma LGL y, la anemia, en el nasal.
- Estado frente a retrovirus: en series recientes, FeLV y FIV no fueron factores pronósticos significativos (Collette et al., 2016; Fabrizio et al., 2014), a diferencia de lo descrito en estudios antiguos.
- Estadio clínico: en el gato tiene poco valor pronóstico por sí solo.
Enfoques emergentes y en evaluación
Ninguno de estos enfoques ha sustituido aún a los protocolos estándar; la evidencia proviene de estudios retrospectivos, pequeños o sin grupo control.
- Mitoxantrona en lugar de doxorrubicina (CMOP): en 31 gatos con linfoma de células intermedias a grandes, la respuesta global fue de 74% con toxicidad solo de grado 1 a 2 (Webster et al., 2024). Podría ser una alternativa en gatos con enfermedad renal, en quienes la doxorrubicina preocupa. Un estudio posterior comparó CMOP con CHOP (JFMS, 2025); se requieren estudios prospectivos aleatorizados.
- Combinaciones de rescate con fármacos que cruzan la barrera hematoencefálica: lomustina, metotrexato y citarabina (LMC) con 46% de respuesta en 13 gatos (Smallwood et al., 2021), y lomustina con corticosteroides en el linfoma presuntivo del sistema nervioso central (JAVMA, 2026).
- Radioterapia estereotáctica en el linfoma nasal: permite administrar dosis altas en pocas sesiones; se ha descrito en series de gatos con linfoma nasal y nasofaríngeo (Outcome of stereotactic body radiation, 32 cats).
- Mejores herramientas diagnósticas: nuevos juegos de cebadores para clonalidad (Weyrich et al., 2024), la citometría de flujo multicolor en masas gastrointestinales (Rütgen et al., 2024) y los criterios histológicos del consenso del ACVIM (Marsilio et al., 2023) buscan reducir la confusión entre enteropatía crónica y linfoma de bajo grado.
Puntos clave para el clínico
- El linfoma felino cambió: hoy predomina en gatos adultos negativos a retrovirus, y la forma más frecuente es la gastrointestinal.
- Siempre hacer pruebas de FeLV y FIV, aunque su valor pronóstico actual es limitado.
- Definir el grado es lo que más cambia el manejo: el bajo grado se trata con clorambucilo y prednisolona y se mide en años; el intermedio a alto requiere protocolos combinados y se mide en meses.
- Para distinguir linfoma de bajo grado de enteropatía crónica se necesitan biopsias suficientes (incluido íleon), inmunohistoquímica y, en casos dudosos, clonalidad interpretada con la histología.
- COP y CHOP tienen resultados comparables en el gato; añadir doxorrubicina no ha demostrado una ventaja clara y puede ser nefrotóxica.
- La remisión completa es el factor pronóstico más importante en todas las formas.
- El linfoma nasal es candidato a radioterapia, idealmente con dosis totales mayores de 32 Gy.
- El linfoma LGL es la forma más agresiva, con supervivencias medianas de semanas.
- Ante signos neurológicos nuevos, asumir afección del sistema nervioso y usar citarabina o lomustina.
- Los cuidados de soporte (nutrición, antieméticos, cobalamina) son parte esencial del tratamiento.
Referencias
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