Neoplasias (tumores) en bazo
Francisco J. Alvarez Berger DVM, MS, DACVIM (Oncología)
Las masas esplénicas son uno de los hallazgos más frecuentes en perros de edad media y avanzada. Pueden detectarse de manera incidental en un ultrasonido abdominal o presentarse como una urgencia por ruptura y hemoabdomen. El espectro de lesiones incluye procesos no neoplásicos (hiperplasia nodular, hematoma), neoplasias benignas y neoplasias malignas, entre las que el hemangiosarcoma es la más común. Debido a que el pronóstico cambia por completo según el diagnóstico definitivo, y a que ninguna prueba preoperatoria permite diferenciar con certeza una lesión benigna de una maligna, la decisión de realizar una esplenectomía debe basarse en la presentación clínica, los hallazgos de imagen, la estadificación y, cuando es posible, la citología. En este escrito se revisan la frecuencia de las lesiones esplénicas, su diagnóstico, el manejo quirúrgico y de soporte, y las principales neoplasias del bazo en el perro y el gato.
Frecuencia de lesiones benignas y malignas
La "regla de los dos tercios" y sus limitaciones
Como regla general, se ha considerado que aproximadamente dos tercios de los perros con un tumor esplénico tienen un tumor maligno, y que dos tercios de estos son hemangiosarcoma. Esta regla se originó en series de casos con una proporción alta de pacientes con hemoabdomen, y estudios más recientes muestran que la probabilidad de malignidad depende en gran medida de la forma de presentación.
En perros con masas no rotas detectadas de manera incidental, 70.5% de las lesiones fueron benignas y 29.5% malignas, y el hemangiosarcoma representó 58% de las neoplasias malignas (Cleveland y Casale, 2016). En una serie de 182 perros operados en una clínica quirúrgica de especialidad, 57.7% de las lesiones fueron benignas y el hemangiosarcoma se diagnosticó en 32.4%; de los perros con lesiones incidentales, 93.9% tuvieron lesiones benignas (Ziogaite et al., 2024).
En contraste, los perros con una masa esplénica rota y hemoabdomen no traumático son más propensos a tener una neoplasia maligna. En una revisión sistemática de 1,150 perros con hemoperitoneo no traumático secundario a la ruptura de una masa esplénica, 73% tuvieron una lesión maligna y 87% de las neoplasias malignas fueron hemangiosarcoma (Schick et al., 2023). Aun así, una proporción relevante de estos pacientes tiene lesiones benignas: en un estudio prospectivo de 40 perros con ruptura de una masa esplénica, 37.5% tuvieron tumores benignos curados con cirugía (Stewart et al., 2020).
Población Estudio Lesiones benignas Lesiones malignas Masas no rotas, incidentales (105 perros) Cleveland y Casale, 2016 70.5% 29.5% (58% de ellas hemangiosarcoma) Esplenectomía por masa o nódulo, clínica de especialidad (182 perros) Ziogaite et al., 2024 57.7% (93.9% en lesiones incidentales) 42.3% (hemangiosarcoma 32.4% del total) Masa esplénica en un hospital de referencia (288 perros) Davies y Taylor, 2020 40% 60% (66% de ellas hemangiosarcoma) Ruptura con hemoperitoneo, estudio prospectivo (40 perros) Stewart et al., 2020 37.5% 62.5% Hemoperitoneo no traumático por ruptura, revisión sistemática (1,150 perros) Schick et al., 2023 27% 73% (87% de ellas hemangiosarcoma) Influencia de la raza y el tamaño
El hemangiosarcoma se presenta con mayor frecuencia en razas grandes, como el Pastor Alemán y el Cobrador Dorado, aunque puede presentarse en cualquier raza. En la serie de Ziogaite et al. (2024), los seis Pastores Alemanes incluidos tuvieron hemangiosarcoma. En perros de razas pequeñas, la probabilidad de una lesión benigna es mayor: fueron 2.3 veces más propensos que los de razas grandes a tener una lesión benigna, y cuando la lesión era maligna, tuvieron un tercio de la probabilidad de que fuera hemangiosarcoma (O'Byrne y Hosgood, 2019). Sin embargo, en 370 perros de menos de 15 kg, 56% de las lesiones nodulares fueron neoplásicas y el hemangiosarcoma representó 27% del total; la presencia de hemoperitoneo aumentó 2.6 veces la probabilidad de malignidad (Fernandez et al., 2019). Por lo tanto, el tamaño del paciente no permite descartar una neoplasia maligna.
Lesiones benignas
Las lesiones benignas en el bazo más comunes en perros son la hiperplasia nodular y el hematoma, abarcando entre el 20 y 41% de todas las lesiones de bazo. Otras lesiones benignas incluyen el hemangioma, el mielolipoma, el lipoma, el leiomioma, los infartos, la hematopoyesis extramedular y la hiperplasia nodular compleja. La hiperplasia nodular linfoide y la hiperplasia nodular compleja se describían anteriormente dentro del grupo de los "nódulos fibrohistiocíticos esplénicos" (ver más adelante).
En estos casos, debido a que son lesiones benignas, la cirugía (esplenectomía) es curativa; sin embargo, en muchos de los casos, la cirugía no es necesaria, sobre todo en masas pequeñas o nódulos homogéneos sin cavitaciones que no presentan hemorragia y que son hallados incidentalmente durante un ultrasonido abdominal. Por ello, de ser posible, el diagnóstico citológico, junto con otros hallazgos clínicos e historia clínica, debe ser considerado antes de tomar la decisión de cirugía. En nódulos pequeños que no se operan, se recomienda el seguimiento ultrasonográfico para documentar estabilidad.
El hematoma y el hemangiosarcoma son en muchos casos indistinguibles macroscópicamente, y un hematoma puede formarse alrededor de un hemangiosarcoma. La supervivencia de perros con hematomas asociados a lesiones no neoplásicas es muy diferente a la de perros con hematomas asociados a hemangiosarcoma: 64% y 7% a los 12 meses, respectivamente (Spangler y Kass, 1997). Por esta razón, el bazo completo debe remitirse para estudio histopatológico.
Después de la esplenectomía por una lesión benigna rota, la recurrencia del hemoperitoneo es poco frecuente. En 83 perros con hemoperitoneo espontáneo por una lesión esplénica benigna, 4.8% presentaron sangrado recurrente, asociado en algunos casos a lesiones nuevas o no identificadas en el hígado o el abdomen (Fourthman et al., 2025).
Presentación clínica
La presentación clínica de una masa esplénica es variable. Muchos pacientes no presentan signos clínicos y la masa se detecta de forma incidental durante la palpación abdominal o un estudio de imagen. Otros presentan signos inespecíficos como hiporexia, letargia, pérdida de peso, vómito o distensión abdominal por el crecimiento de la masa.
La forma de presentación más grave es el colapso agudo por la ruptura del tumor y hemoabdomen, con mucosas pálidas, taquicardia, pulso débil, distensión abdominal y signos de choque hipovolémico. Las arritmias ventriculares son frecuentes en perros con masas esplénicas, en especial en presencia de hemoperitoneo, y pueden contribuir al colapso. Las anormalidades hematológicas más frecuentes son anemia, trombocitopenia, presencia de eritrocitos nucleados, esquistocitos, acantocitos, leucocitosis y alteraciones de la coagulación, incluida la coagulación intravascular diseminada (CID), particularmente en casos de hemangiosarcoma.
Las neoplasias en el perro y gato que pueden causar esplenomegalia de manera difusa son el linfoma, las leucemias, el mieloma múltiple, el mastocitoma (generalmente en gatos) y el sarcoma histiocítico. En estos casos el bazo suele estar aumentado de tamaño de manera uniforme o con un patrón moteado, más que presentar una masa solitaria.
Diagnóstico y estadificación
Evaluación de laboratorio
Un hemograma, bioquímica sanguínea, perfil hemostático (tiempos de coagulación, fibrinógeno y, de ser posible, dímeros D) y examen general de orina deben realizarse en todos los pacientes. La anemia, la trombocitopenia y la presencia de eritrocitos nucleados se han asociado con un mayor riesgo de malignidad. En la serie de Ziogaite et al. (2024), la trombocitopenia, la anemia, un menor diámetro del nódulo esplénico más grande y el hemoperitoneo fueron factores de riesgo de hemangiosarcoma.
Imagen
El ultrasonido abdominal es la herramienta de elección para identificar la masa, evaluar la presencia de líquido libre y buscar lesiones en hígado, omento, mesenterio y otros órganos. Sin embargo, la apariencia ultrasonográfica de los hematomas, las hiperplasias y los hemangiosarcomas se superpone, por lo que el ultrasonido convencional no permite diferenciarlos con certeza.
El ultrasonido con medio de contraste puede mejorar la caracterización de las lesiones. En un estudio de 26 perros y 2 gatos, la hipoecogenicidad de la lesión en la fase de lavado, combinada con la presencia de vasos tortuosos, se asoció con malignidad; todas las lesiones malignas fueron hipoecoicas respecto al parénquima a los 30 segundos de la inyección, y los hemangiosarcomas se observaron como masas grandes sin perfusión rodeadas de parénquima hipervascular (Rossi et al., 2008). En la tomografía computarizada con contraste, las masas malignas presentaron valores de atenuación significativamente menores que las no malignas (Fife et al., 2004), aunque estudios posteriores han descrito una superposición considerable entre ambos grupos.
Las radiografías torácicas en tres proyecciones (o la tomografía de tórax) y, de ser posible, el ecocardiograma deben realizarse antes de la cirugía para buscar metástasis pulmonares y una masa en el atrio derecho, ya que el hemangiosarcoma puede presentarse de forma simultánea en bazo y corazón.
Modelos de predicción
Con el fin de estimar la probabilidad de malignidad en cada paciente, se desarrolló un modelo con ocho variables preoperatorias: proteína sérica total, presencia de 2 o más eritrocitos nucleados por cada 100 leucocitos, diámetro de la masa esplénica, número de nódulos hepáticos, presencia de múltiples masas o nódulos esplénicos, heterogeneidad moderada a marcada de la masa, efusión abdominal moderada a marcada y nódulos mesentéricos, omentales o peritoneales (Burgess et al., 2021). El área bajo la curva fue de 0.80 en la población de desarrollo y de 0.78 en la de validación, y el modelo está disponible como calculadora en línea (T-STAT). Estos modelos son una ayuda para la conversación con el propietario, pero no reemplazan el diagnóstico histopatológico.
Lesiones hepáticas concurrentes
La presencia de nódulos hepáticos junto con una masa esplénica no siempre indica metástasis. En 125 perros con masas esplénicas y hepáticas encontradas durante la cirugía, 27% no tuvieron evidencia de malignidad en ninguno de los dos órganos (Leyva et al., 2018). Sin embargo, en perros con hemangiosarcoma esplénico, la presencia de múltiples nódulos hepáticos oscuros y con sangrado activo se asoció de manera importante con malignidad (Clendaniel et al., 2014). No es inusual que en algunos casos diagnosticados con hemangiosarcoma esplénico y metástasis hepática, basándose en las imágenes obtenidas por ultrasonografía, la biopsia muestre lesiones benignas en ambos órganos. Por ello, las lesiones hepáticas deben biopsiarse durante la cirugía, y no debe tomarse una decisión de eutanasia basada solo en las imágenes.
Citología
La citología puede ser de gran ayuda para determinar el diagnóstico en muchos casos. En un estudio de aspirados esplénicos guiados por ultrasonido en perros y gatos, el diagnóstico citológico coincidió con el histológico en 61% de los casos (Ballegeer et al., 2007). En el caso de hemangiosarcoma esplénico, la citología solamente llega a ser diagnóstica en un 25 a 50% de los casos, debido a que en muchos casos el tumor está compuesto en gran parte por sangre o coágulos, y si la muestra no se obtiene de donde se encuentran las células tumorales, los resultados no serán diagnósticos. El ultrasonido es de gran ayuda para guiar los aspirados hacia las zonas del tumor donde el tejido aparenta ser más firme. La citología tiene mayor rendimiento en lesiones sólidas y en neoplasias de células redondas (linfoma, mastocitoma, sarcoma histiocítico) que en lesiones cavitadas.
Histopatología e inmunohistoquímica
El diagnóstico definitivo tiene como base el examen microscópico de la masa después de la extirpación quirúrgica. Si se realiza una esplenectomía, idealmente el bazo completo debe remitirse al patólogo, ya que un error común es remitir solamente una muestra pequeña, que con frecuencia no tiene valor diagnóstico. Si no es posible enviar el bazo completo, se deben remitir múltiples muestras de las zonas sólidas y de la interfase entre la masa y el parénquima normal. En ocasiones, la inmunohistoquímica es necesaria para confirmar el diagnóstico y diferenciar entre neoplasias: las células endoteliales son positivas al factor de von Willebrand (antígeno relacionado al factor VIII) y a CD31; los linfomas de células B son positivos a CD79a o CD20 y negativos a CD3; y el sarcoma histiocítico es positivo a CD18 e Iba1.
Estadificación
Un hemograma, bioquímica sanguínea, perfil hemostático, examen general de orina, radiografías torácicas, ultrasonografía abdominal y, de ser posible, ecocardiografía deben realizarse en todos los pacientes con sospecha de neoplasia maligna, con el fin de evaluar la extensión de la enfermedad (tamaño y localización de la neoplasia, presencia de metástasis), así como las anormalidades clínicas causadas por la neoplasia antes del tratamiento. La tomografía computarizada de tórax y abdomen es más sensible que las radiografías y el ultrasonido para detectar metástasis pequeñas.
Tratamiento quirúrgico y cuidados de soporte
Indicaciones de la esplenectomía
La esplenectomía es el método principal de tratamiento para perros con masas esplénicas. En el caso de que un tumor esplénico irregular o cavitado, con sospecha de malignidad, sea detectado antes de haber presentado hemorragia, idealmente el bazo debe extirparse cuando el tumor no esté sangrando activamente. Si el tumor esplénico está sangrando activamente por una ruptura, la esplenectomía es necesaria y está indicada independientemente del diagnóstico definitivo.
En general, la extirpación del bazo es preferible a una biopsia incisional, ya que la cirugía sirve tanto como un procedimiento diagnóstico como terapéutico. No es apropiado esperar hasta que el sangrado se haya detenido; sin embargo, antes de la cirugía es necesario estabilizar al paciente. Durante la cirugía se debe explorar todo el abdomen y biopsiar el hígado, el omento y cualquier nódulo sospechoso. Los pacientes que presentan lesiones benignas son tratados eficazmente con esplenectomía, lo que proporciona una cura siempre y cuando el paciente esté estable y no haya perdido demasiada sangre para sobrevivir a la cirugía.
Estabilización y transfusión
Las complicaciones frecuentes en los pacientes con masas esplénicas rotas, en particular en casos de hemangiosarcoma, son la anemia grave y la coagulación intravascular diseminada, por lo que los pacientes deben estabilizarse lo mejor posible antes de la cirugía o la quimioterapia. Esto puede requerir terapia de fluidos, transfusión de sangre, plasma o ambos, y monitoreo en cuidados intensivos.
La decisión de realizar una transfusión sanguínea se basa en el juicio clínico, y siempre debe realizarse cuando la vida del paciente se encuentre comprometida sin ella. En general es preferible la utilización de concentrados de eritrocitos sobre sangre completa, ya que el hematocrito puede incrementarse más y con mayor rapidez sin necesidad de administrar un gran volumen. Sin embargo, muchos pacientes requieren también plasma fresco congelado, ya que pueden presentar deficiencia de factores de la coagulación por consumo (coagulación intravascular diseminada, hemorragia o ambas); en estos casos también puede considerarse la sangre fresca completa.
Si los tiempos de coagulación se encuentran prolongados, es necesaria la administración de plasma fresco congelado a dosis de 10 a 20 ml/kg o la transfusión de sangre fresca completa. En los casos que presentan coagulación intravascular diseminada, se recomienda heparina 75 UI/kg SC cada 8 h, aspirina en dosis baja (0.5 a 1 mg/kg PO cada 24 h), terapia de fluidos, protectores gastrointestinales, oxígeno y antibioterapia, con el fin de controlar las complicaciones y evitar el deterioro del paciente.
Mortalidad perioperatoria y complicaciones
En 539 perros sometidos a esplenectomía por masas esplénicas, la mortalidad perioperatoria fue de 7.6%. Los perros con hematocrito menor de 30% y los que desarrollaron arritmias durante la cirugía tuvieron aproximadamente el doble de probabilidad de morir, y la trombocitopenia grave preoperatoria también se asoció a mayor mortalidad. Las causas más frecuentes de muerte fueron la trombosis portal o esplénica conocida o sospechada y el tromboembolismo pulmonar, y el hecho de que la masa fuera neoplásica no fue un factor de riesgo (Wendelburg et al., 2014).
Las complicaciones que pueden asociarse con la esplenectomía incluyen:
- Hemorragia: sangrado en curso del pedículo esplénico o de lesiones metastásicas.
- Coagulación intravascular diseminada y trombosis: la trombosis de la vena porta y el tromboembolismo pulmonar son causas importantes de muerte perioperatoria.
- Arritmias ventriculares: se recomienda monitorear al paciente con un electrocardiograma por 24 a 48 h después de la cirugía. Si bien en algunos casos requieren tratamiento (por ejemplo, con lidocaína cuando son sostenidas o comprometen la presión arterial), la mayoría se resuelven dentro de las 24 a 48 h.
- Pancreatitis: a menudo se manifiesta por vómito, y se asocia con la manipulación del lóbulo izquierdo del páncreas.
Hemangiosarcoma esplénico
El hemangiosarcoma es la neoplasia maligna del bazo más común en perros. Su origen se ha atribuido a las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos, aunque aparentemente su origen real son precursores endoteliales inmaduros de médula ósea. Se presenta principalmente en perros de edad avanzada; el Pastor Alemán y el Cobrador Dorado se consideran razas predispuestas. El bazo, el atrio derecho y el tejido subcutáneo son los sitios donde se desarrolla con mayor frecuencia (aproximadamente 50%, 25% y 18%, respectivamente), y el hígado y los pulmones son los sitios más frecuentes de metástasis.
El hemangiosarcoma esplénico es muy agresivo: se estima que más de 90% de los perros afectados presentan metástasis microscópicas al momento del diagnóstico. Por lo tanto, aunque la cirugía resuelve la causa inmediata del sangrado, por lo general no es curativa. En 208 perros, la mediana de supervivencia con esplenectomía únicamente fue de 1.6 meses, y el estado clínico fue el único factor pronóstico asociado significativamente con la supervivencia (Wendelburg et al., 2015). La quimioterapia adyuvante con protocolos que contienen doxorrubicina puede aumentar el tiempo de supervivencia hasta 6 a 9 meses, y aproximadamente 20% de los pacientes viven más de un año. El tratamiento debe ofrecerse a todos los pacientes, independientemente del estado clínico: en perros con hemangiosarcoma esplénico tratados con el protocolo VAC, no hubo diferencia significativa en la supervivencia entre los pacientes con metástasis (estado III) y sin metástasis (estados I y II), con medianas de 195 y 133 días, respectivamente (Alvarez et al., 2013).
La información completa sobre el hemangiosarcoma (presentación clínica, anemia microangiopática y coagulación intravascular diseminada, citología, estadificación, protocolos de quimioterapia con sus variantes, manejo de la cardiotoxicidad de la doxorrubicina, quimioterapia metronómica y enfoques emergentes) se encuentra en el artículo Hemangiosarcoma canino de este blog.
Otras neoplasias malignas del bazo en el perro
Aunque la mayoría de las neoplasias malignas del bazo se diagnostican como hemangiosarcoma, otros tipos de cáncer pueden presentarse en este órgano, muchos con un pronóstico más favorable. Las neoplasias malignas más comunes en el perro, además del hemangiosarcoma, son el leiomiosarcoma y otros sarcomas, el sarcoma histiocítico y el linfoma. Por esta razón el diagnóstico siempre debe confirmarse histopatológicamente.
Sarcomas no angiomatosos (leiomiosarcoma, sarcoma estromal y otros)
Los sarcomas de tejidos blandos del bazo incluyen el leiomiosarcoma, el sarcoma estromal, el fibrosarcoma, el sarcoma indiferenciado, el liposarcoma, el mixosarcoma, el osteosarcoma extraesquelético y el mesenquimoma maligno. En 87 neoplasias esplénicas no angiomatosas ni linfomatosas, el comportamiento biológico se correlacionó principalmente con el índice mitótico: los tumores con un índice menor de 9 tuvieron una supervivencia significativamente más larga que aquellos con un índice mayor de 9 (Spangler et al., 1994).
En un estudio multicéntrico de sarcomas de tejidos blandos viscerales abdominales, el bazo fue la localización más frecuente (47.6%) y el leiomiosarcoma el tipo más común (38.1%). Hubo metástasis al momento de la cirugía en 23.8% de los perros y la tasa global de metástasis fue de 40.4%. La mediana de supervivencia no se alcanzó para los sarcomas de grado I, y fue de 589 días para los de grado II y de 158 días para los de grado III; un índice mitótico de 9 o más se asoció con una supervivencia de 269 días, mientras que con un índice menor no se alcanzó la mediana (Linden et al., 2019).
En general, la mediana de supervivencia en perros con leiomiosarcoma esplénico tratados únicamente con cirugía es de 8 meses; sin embargo, el grado histológico es de gran ayuda para determinar el comportamiento de los sarcomas de tejidos blandos. La probabilidad de metástasis en sarcomas de tejidos blandos de grado 1 (bien diferenciados), grado 2 (moderadamente diferenciados) y grado 3 (pobremente diferenciados) es de aproximadamente menos de 10%, 20% y 40 a 50%, respectivamente. Por ello, la quimioterapia adyuvante generalmente está indicada en sarcomas de grado 3, y puede considerarse en sarcomas de grado 2 con características histopatológicas que se inclinen hacia un grado alto. Los protocolos que contienen doxorrubicina son los de elección y, como mantenimiento, puede considerarse la quimioterapia metronómica. El grado histológico y el índice mitótico deben solicitarse en el reporte de histopatología.
Sarcoma histiocítico esplénico
El sarcoma histiocítico puede afectar el bazo como parte de la forma diseminada, como sarcoma histiocítico hemofagocítico o, con menor frecuencia, como una forma localizada. La forma hemofagocítica, que se origina en los macrófagos de la pulpa roja del bazo, causa anemia regenerativa, trombocitopenia e hipoalbuminemia, y tiene el peor pronóstico de todas las formas, con una mediana de supervivencia de alrededor de 4 semanas. En perros con sarcoma histiocítico esplénico localizado tratados con esplenectomía, la mediana de supervivencia fue de 427 días; 12 de 14 perros recibieron quimioterapia adyuvante con lomustina, y 35.7% desarrollaron metástasis (Latifi et al., 2020). Por ello, la esplenectomía seguida de quimioterapia con lomustina es una opción razonable en pacientes con enfermedad aparentemente confinada al bazo, después de una estadificación completa.
Linfoma esplénico y linfoma de la zona marginal
El linfoma puede afectar el bazo como parte de un linfoma multicéntrico o como una forma primaria. Entre las formas primarias, los linfomas indolentes de células B (de la zona marginal y de células del manto) son los más comunes. En 28 perros con linfoma esplénico tratados con esplenectomía, la supervivencia al año fue de 58.8%, y después de ese tiempo ningún perro murió por la enfermedad; el linfoma de células B tuvo mejor pronóstico que otras variantes, el hemoabdomen y los signos clínicos fueron factores pronósticos negativos, y la quimioterapia no proporcionó beneficio en la supervivencia (van Stee et al., 2015).
El linfoma de la zona marginal (MZL) esplénico es una forma indolente de linfoma de células B que se origina en la zona marginal de los folículos linfoides (la zona más externa de la corona que rodea al folículo). El diagnóstico de MZL en perros puede ser un reto para los patólogos porque generalmente inicia como una hiperplasia de la zona marginal, y la confirmación requiere la determinación del inmunofenotipo y la evaluación de clonalidad (PARR). Todos los casos de MZL esplénico son positivos a CD79a y negativos a CD3, consistente con linfomas de células B. En un estudio, el MZL se presentó como una masa esplénica solitaria en aproximadamente 70% de los casos, como múltiples masas en 25% y con ecotextura difusamente moteada en aproximadamente 5%.
La esplenectomía es el tratamiento de elección del MZL. En 29 perros tratados con esplenectomía, la mediana de supervivencia fue de 383 días. Los perros asintomáticos en los que el MZL fue un hallazgo incidental tuvieron mejor pronóstico (mediana de 1,153 días) en comparación con 309 días en perros con signos clínicos atribuibles al MZL. La afección de ganglios linfáticos, el hemoabdomen, la anemia y la quimioterapia no modificaron la supervivencia (O'Brien et al., 2013). En una serie de 5 perros con enfermedad en estado IV, cuatro recibieron esplenectomía y doxorrubicina adyuvante, y tres murieron por causas no relacionadas al linfoma después de 760, 939 y 1,825 días (Stefanello et al., 2011). Estos resultados sugieren que el MZL esplénico tiene un pronóstico favorable con esplenectomía únicamente y que la quimioterapia adyuvante pudiera no ser necesaria. En mi opinión, el tratamiento adyuvante con clorambucilo y prednisona (protocolo LP) puede ser considerado.
La diferenciación entre MZL, linfoma de células del manto e hiperplasia nodular linfoide o compleja es difícil por morfología. En 35 nódulos linfoides esplénicos evaluados con histología, inmunohistoquímica y PARR, la mediana de supervivencia global fue de 1,282 días y el comportamiento a largo plazo fue similar entre las lesiones hiperplásicas y los linfomas indolentes (Sabattini et al., 2018).
"Nódulos fibrohistiocíticos esplénicos"
Otro tipo de lesiones diagnosticadas con cierta frecuencia en perros con masas esplénicas son los llamados nódulos fibrohistiocíticos esplénicos (SFHN), caracterizados por una población mixta de histiocitos, células fusiformes o ambos, en proporciones variables, entremezclados con elementos hematopoyéticos, células plasmáticas y linfocitos. Se describían como un continuo desde la hiperplasia nodular linfoide (más de 70% de linfocitos con algunas células fibrohistiocíticas intercaladas, SFHN grado 1) hasta neoplasias malignas del estroma del bazo, formadas principalmente por células fibrohistiocíticas y con menos de 40% de linfocitos (SFHN grado 3).
Sin embargo, la descripción de las enfermedades histiocíticas y la reclasificación del linfoma esplénico en perros mostraron que es erróneo considerar a los SFHN como una sola entidad. En 31 muestras revisadas con inmunohistoquímica, las lesiones se reclasificaron como hiperplasia nodular (13, compleja o linfoide), linfoma (4, incluyendo linfoma de la zona marginal), sarcoma estromal (8) y sarcoma histiocítico (6); los perros con sarcoma histiocítico tuvieron la peor supervivencia (mediana de 74 días), mientras que algunos perros con sarcoma estromal tuvieron supervivencias largas (Moore et al., 2012). En 693 perros esplenectomizados, la hiperplasia linfoide representó 24.4% de los diagnósticos, el sarcoma estromal 8.5%, la hiperplasia compleja 7.9% y el sarcoma histiocítico 4.6% (Spröhnle-Barrera et al., 2022). En nódulos con componentes estromales, histiocíticos y linfoides mixtos, la presencia de atipia estromal junto con un índice mitótico de 9 o más, cariomegalia o células multinucleadas, o menos de 40% de componente linfoide se asoció con muerte por la enfermedad en la mitad de los perros (Sabattini et al., 2022). En la actualidad, el término "nódulo fibrohistiocítico esplénico" no es aceptado para describir una enfermedad específica, y se debe solicitar al patólogo un diagnóstico específico (hiperplasia nodular compleja, sarcoma estromal, sarcoma histiocítico o linfoma), apoyado en inmunohistoquímica.
Neoplasias esplénicas en el gato
En el gato, las neoplasias más comunes del bazo son el mastocitoma y el linfoma, seguidos del hemangiosarcoma. A diferencia del perro, las lesiones benignas son poco frecuentes. En 62 gatos sometidos a esplenectomía, 81% tuvieron una neoplasia esplénica; los tipos más comunes fueron el mastocitoma (42%), el hemangiosarcoma (40%), el linfoma y el sarcoma histiocítico (6% cada uno). Todos los gatos con hemoabdomen espontáneo tuvieron una neoplasia, y la citología tuvo una exactitud diagnóstica de 73% para lesiones malignas (100% para mastocitomas y 54% para tumores mesenquimales). La mediana de supervivencia fue de 348 días para el mastocitoma y de 94 días para el hemangiosarcoma, y la anemia y la presencia de metástasis fueron factores pronósticos negativos (Guillén et al., 2023).
El mastocitoma esplénico felino suele presentarse con esplenomegalia difusa, signos gastrointestinales inespecíficos (vómito, hiporexia), y con frecuencia mastocitemia. El diagnóstico se realiza generalmente por citología del bazo, y la estadificación debe incluir un frotis de sangre periférica (capa leucocitaria), aspirado de médula ósea cuando está indicado y evaluación del hígado y de los ganglios linfáticos abdominales. La esplenectomía es el tratamiento de elección: en 64 gatos, la mediana de supervivencia específica por tumor fue de 856 días en los gatos esplenectomizados y de 342 días en los que no se operaron, sin un beneficio adicional demostrado de la quimioterapia (Evans et al., 2018). En 36 gatos tratados con esplenectomía, la mediana de supervivencia fue de 390 días; la administración de productos sanguíneos, la metástasis a ganglios linfáticos regionales y otra neoplasia concurrente o previa se asociaron con menor supervivencia, mientras que la respuesta a la quimioterapia se asoció con mayor supervivencia (Kraus et al., 2015). Antes de la cirugía se recomienda premedicar con antihistamínicos H1 y H2 por el riesgo de degranulación.
Protocolos quimioterapéuticos
Los siguientes protocolos se utilizan como tratamiento adyuvante del hemangiosarcoma esplénico y de los sarcomas esplénicos de alto grado. Las variantes adicionales para hemangiosarcoma (por ejemplo, con vinblastina) se describen en el artículo Hemangiosarcoma canino.
Protocolos de inducción
Protocolo Fármaco y dosis Día del ciclo Repetición Doxorrubicina como único agente Doxorrubicina 30 mg/m2 IV (1 mg/kg en perros menores de 15 kg) Día 1 Cada 21 días VAC Doxorrubicina 30 mg/m2 IV (1 mg/kg en perros menores de 15 kg) Día 1 Cada 21 días VAC Vincristina 0.7 mg/m2 IV Días 7 y 14 Cada 21 días VAC Ciclofosfamida 200 a 250 mg/m2 PO Día 10 Cada 21 días VAC Sulfametoxazol/trimetoprim 15 mg/kg PO cada 12 h Durante todo el ciclo Cada 21 días VAC modificado Doxorrubicina 30 mg/m2 IV (1 mg/kg en perros menores de 15 kg) Día 1 Cada 21 días VAC modificado Ciclofosfamida 200 mg/m2 PO Día 7 Cada 21 días VAC modificado Vincristina 0.6 a 0.7 mg/m2 IV Día 14 Cada 21 días AC Doxorrubicina 30 mg/m2 IV (1 mg/kg en perros menores de 15 kg) Día 1 Cada 21 días AC Ciclofosfamida 200 a 300 mg/m2 PO Día 10 Cada 21 días Si la quimioterapia se administra de manera adyuvante a la cirugía, generalmente se administran 4 a 6 ciclos. La dosis máxima acumulativa de la doxorrubicina es de 180 a 240 mg/m2 (6 a 8 dosis totales), por lo que antes de alcanzar esta dosis se debe realizar un ecocardiograma para monitorear la función cardiaca.
Protocolos de mantenimiento (quimioterapia metronómica)*
Protocolo Fármaco y dosis Quimioterapia metronómica con clorambucilo Clorambucilo 4 a 5 mg/m2 PO cada 48 h + AINE (dosis recomendada) Quimioterapia metronómica con ciclofosfamida** Ciclofosfamida 10 a 15 mg/m2 PO cada 48 h + AINE (dosis recomendada) *Se recomienda realizar hemograma, química sanguínea y examen general de orina cada 4 a 8 semanas después de iniciar el tratamiento.
**Debido al riesgo de desarrollar cistitis hemorrágica estéril, en la actualidad recomiendo utilizar un protocolo con clorambucilo.
Enfoques emergentes
Lo descrito en las secciones anteriores (estadificación, esplenectomía con histopatología del bazo completo, estabilización y quimioterapia con doxorrubicina para hemangiosarcoma y sarcomas de alto grado) constituye el estándar de cuidado. Los siguientes enfoques están en evaluación y no deben sustituirlo:
- Calculadoras de probabilidad de malignidad: el modelo T-STAT (Burgess et al., 2021) tiene una capacidad de discriminación moderada; su validación externa en otras poblaciones ha sido limitada, por lo que debe usarse como apoyo para la conversación con el propietario y no como criterio para decidir la eutanasia.
- Ultrasonido con medio de contraste: los patrones de perfusión ayudan a diferenciar lesiones benignas y malignas (Rossi et al., 2008), pero existe superposición, en particular entre hematoma y hemangiosarcoma, y su disponibilidad es limitada.
- Quimioterapia metronómica como mantenimiento: no existe evidencia clínica sólida que confirme su beneficio después de un protocolo con doxorrubicina en hemangiosarcoma o sarcomas esplénicos; puede considerarse de forma individualizada.
- Inmunoterapia, terapias dirigidas y biomarcadores en sangre para hemangiosarcoma: se encuentran en investigación; se revisan en el artículo Hemangiosarcoma canino.
Puntos clave para el clínico
- No toda masa esplénica es maligna: las masas no rotas detectadas de manera incidental son benignas en aproximadamente 70 a 94% de los casos, según la población estudiada.
- El hemoabdomen aumenta la probabilidad de malignidad: en la ruptura no traumática, alrededor de tres cuartas partes de las lesiones son malignas, y la mayoría son hemangiosarcoma; aun así, una proporción de estos perros tiene lesiones benignas curables con cirugía.
- Ninguna prueba preoperatoria es definitiva: el ultrasonido, la tomografía, la citología y las calculadoras de riesgo orientan, pero el diagnóstico se confirma por histopatología.
- Remitir el bazo completo: una muestra pequeña con frecuencia no es diagnóstica; también se deben biopsiar las lesiones hepáticas y omentales.
- No asumir metástasis por imagen: un porcentaje de perros con nódulos esplénicos y hepáticos tiene lesiones benignas en ambos órganos.
- Estabilizar antes de operar, sin retrasar la cirugía: corregir la volemia, la anemia y la coagulopatía; el hematocrito menor de 30% y las arritmias intraoperatorias duplican el riesgo de muerte perioperatoria.
- Monitorear 24 a 48 h después de la cirugía: arritmias ventriculares, hemorragia, trombosis y pancreatitis.
- Hemangiosarcoma: la cirugía sola rara vez es curativa; la quimioterapia con doxorrubicina debe ofrecerse aun en presencia de metástasis.
- Otros tumores tienen mejor pronóstico: el linfoma de la zona marginal, los sarcomas de bajo grado y el sarcoma histiocítico localizado pueden tener supervivencias de más de un año.
- En el gato: las lesiones esplénicas son con mayor frecuencia malignas; el mastocitoma es la neoplasia más común y la esplenectomía prolonga la supervivencia.
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Veterinary Cancer Health - Oncologiavet
Francisco J. Alvarez Berger MVZ, MSc, DACVIM (Oncología Veterinaria)
viernes, 6 de noviembre de 2026
Neoplasias (Tumores) en bazo
jueves, 5 de noviembre de 2026
Carcinoma de Celulas Escamosas en Gatos
Carcinoma de células escamosas en gatos
Francisco J. Alvarez Berger DVM, MS, DACVIM (Oncología)
El carcinoma de células escamosas (CCE) es una de las neoplasias que se desarrollan con más frecuencia en el gato y tiene dos presentaciones con comportamiento y pronóstico muy diferentes: la forma oral, que es la neoplasia maligna más común de la cavidad oral en esta especie, localmente muy agresiva y con un pronóstico generalmente pobre, y la forma cutánea (superficial), relacionada con la exposición solar, que rara vez causa metástasis y que, detectada a tiempo, tiene un pronóstico favorable con tratamiento local. En este escrito se revisan la etiología, la presentación clínica, el diagnóstico, las opciones de tratamiento y el pronóstico de ambas formas.
Epidemiología y etiología
Carcinoma de células escamosas oral
El CCE es la neoplasia más común de la cavidad oral del gato y representa entre 70 y 80% de las neoplasias orales en esta especie (Zaccone et al., 2022). Afecta principalmente a gatos de edad avanzada (mediana de 13 años en series recientes), sin predisposición clara por sexo o raza (Zaccone et al., 2022; Tutu et al., 2025). Las localizaciones más frecuentes son la lengua (región sublingual o frenillo), la encía mandibular y la encía maxilar; con menor frecuencia se presenta en la mucosa caudal de la cavidad oral, la región tonsilar, el carrillo y el paladar duro. En una serie de 567 gatos, 32% de los tumores se localizó en la lengua, 31% en la encía mandibular y 23% en la encía maxilar (Zaccone et al., 2022).
La causa no se ha establecido. Se ha encontrado que existe un riesgo incrementado en presentar esta neoplasia con el uso de collares antipulgas, la exposición al humo de tabaco y el consumo de comida enlatada, en particular de atún enlatado (Bertone et al., 2003). En los gatos expuestos al humo de tabaco se ha observado una mayor expresión de la proteína p53 en el tumor (Snyder et al., 2004). Un estudio de casos y controles más reciente identificó como factores de riesgo independientes el vivir en un ambiente rural (razón de momios [OR] de 1.77), el acceso al exterior (OR de 1.68), la exposición al humo de tabaco en casa (OR de 1.77) y el consumo de alimento con aditivos químicos (OR de 1.98) (Zaccone et al., 2022). También se han propuesto como factores participantes las mutaciones de TP53, la infección por papilomavirus y la inflamación oral crónica (gingivoestomatitis y enfermedad periodontal), aunque la relación causal no se ha demostrado (Tutu et al., 2025). Se requieren más estudios que corroboren estos hallazgos.
Carcinoma de células escamosas cutáneo
El CCE cutáneo generalmente se presenta en piel que no tiene pigmento, y la mayoría de los casos son causados por la exposición solar (radiación ultravioleta). Los gatos blancos o con zonas blancas en la cara y las orejas, y los que pasan mucho tiempo al sol, son los más afectados. Las lesiones suelen progresar de una dermatitis actínica (solar) a una queratosis actínica, a un carcinoma in situ y finalmente a un carcinoma invasivo. El papilomavirus felino tipo 2 (FcaPV-2) también participa en la carcinogénesis de algunos CCE cutáneos, sobre todo en los que se desarrollan en piel protegida del sol, y podría actuar en sinergia con la radiación ultravioleta (Teh y Krockenberger, 2021).
Carcinoma de células escamosas oral
Comportamiento biológico
Esta neoplasia es localmente muy agresiva y generalmente invade el hueso cuando se presenta en la cavidad oral (con lisis ósea marcada en las localizaciones mandibulares y maxilares). Aunque a la presentación la mayoría de los pacientes no tiene evidencia de metástasis, el tumor tiene la capacidad de causarla. La metástasis a los ganglios linfáticos mandibulares se ha reportado en 0 a 36% de los casos en series pequeñas y en 31% de los gatos con enfermedad avanzada, mientras que la metástasis pulmonar es mucho menos frecuente (0 a 10%) (Soltero-Rivera et al., 2014). En la mayoría de los casos, la causa de muerte o de eutanasia es la progresión local de la enfermedad y no la metástasis.
Presentación clínica
Clínicamente algunos gatos son presentados por la presencia de una masa visible para el propietario; sin embargo, muchos casos son presentados por anorexia, disfagia, pérdida de peso, halitosis, salivación (en ocasiones con sangre), sangrado oral, dolor al abrir la boca, aumento de volumen facial o mandibular, pérdida de piezas dentales, descarga nasal o exoftalmia (en las lesiones maxilares caudales) y falta de acicalamiento. Las lesiones sublinguales pueden pasar inadvertidas hasta que están avanzadas. Con frecuencia, las lesiones se confunden con enfermedad periodontal, gingivoestomatitis, granuloma eosinofílico o un absceso dental, y no es raro que el diagnóstico se retrase después de extracciones dentales o tratamientos con antibióticos y corticosteroides. Por ello, toda lesión oral proliferativa o ulcerativa que no responde al tratamiento, o toda pieza dental móvil en un gato de edad avanzada con lisis ósea, debe ser biopsiada. En algunos gatos se presenta hipercalcemia asociada a la neoplasia.
Diagnóstico
La mayoría de los pacientes requieren de un examen detallado de la cavidad oral bajo sedación profunda o anestesia; bajo esta, una biopsia incisional debe ser realizada para la confirmación histopatológica. La biopsia debe ser profunda, ya que la superficie de estas lesiones suele estar ulcerada, necrótica e inflamada, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo de inflamación. La citología generalmente es de gran utilidad para establecer un diagnóstico presuntivo.
Estadificación
La evaluación física y citológica de los ganglios linfáticos mandibulares y las radiografías torácicas también deben ser realizadas. El tamaño del ganglio linfático no es un buen indicador de metástasis, por lo que se recomienda la aspiración con aguja fina aun en ganglios de tamaño normal (Soltero-Rivera et al., 2014). Es importante considerar que los ganglios linfáticos mandibulares no son los únicos que drenan la cavidad oral (también drenan los retrofaríngeos mediales), por lo que una citología negativa de los mandibulares no descarta la metástasis regional. Las radiografías de cráneo, y de preferencia la tomografía computarizada, permiten evaluar la extensión local y la invasión ósea, y son indispensables para planear la cirugía o la radioterapia. El perfil completo (hemograma, química sanguínea con calcio y urianálisis) y la prueba de FeLV y FIV completan la evaluación.
La estadificación clínica se basa en el sistema TNM de la Organización Mundial de la Salud para los tumores orales:
| Categoría | Descripción |
|---|---|
| T1 | Tumor menor de 2 cm de diámetro |
| T2 | Tumor de 2 a 4 cm de diámetro |
| T3 | Tumor mayor de 4 cm de diámetro |
| N0 / N1 / N2 | Sin metástasis regional / ganglio ipsilateral con metástasis / ganglio contralateral o bilateral con metástasis |
| M0 / M1 | Sin metástasis a distancia / con metástasis a distancia |
Tratamiento del carcinoma oral
Cirugía
La cirugía es el tratamiento de elección cuando el tumor puede resecarse con márgenes completos, y los estudios más recientes muestran resultados más favorables de lo que se pensaba. Las cirugías radicales de la cavidad oral (maxilectomías, mandibulectomías y glosectomías) tienen una morbilidad importante: muchos gatos presentan dificultad para comer por días o semanas y algunos no recuperan la alimentación voluntaria, por lo que el propietario debe estar informado y dispuesto a dar los cuidados en casa.
En una serie inicial de 42 gatos con tumores orales tratados con mandibulectomía, 98% presentó morbilidad aguda y 76% morbilidad a largo plazo; 72% presentó disfagia o inapetencia inmediatamente después de la cirugía y alrededor de 12% nunca recuperó la capacidad de comer. Aun así, 83% de los propietarios que respondieron estuvo satisfecho con el resultado. La mediana de supervivencia de los gatos con CCE fue de 217 días, significativamente menor que la de los gatos con fibrosarcoma u osteosarcoma (Northrup et al., 2006). Con mandibulectomía y radioterapia adyuvante se ha reportado una mediana de supervivencia de 14 meses en un grupo pequeño de gatos (Hutson et al., 1992, citado por Soltero-Rivera et al., 2014). Las cirugías más agresivas, con márgenes amplios, tienen la mayor probabilidad de control local; aun así, la recurrencia local es frecuente.
Los estudios multiinstitucionales más recientes, con mejores técnicas quirúrgicas y de soporte, reportan resultados claramente mejores. En 60 gatos tratados con maxilectomía (68% con tumores malignos), la recurrencia local fue de 18.3% y la metástasis de 4.9%; la mediana de supervivencia no se alcanzó y la supervivencia a 1 y 2 años de los gatos con CCE fue de 83%. Las complicaciones posoperatorias se presentaron en 56.7% de los gatos, sobre todo hiporexia (20%, con una mediana de 7 días) y dehiscencia de la herida (20%), y la recurrencia local se asoció con una menor supervivencia (Liptak et al., 2021). En ocho gatos tratados con mandibulectomía radical (siete con CCE), seis recuperaron la alimentación voluntaria y la supervivencia media estimada fue de 712 días (Boston et al., 2020). Incluso en tumores extensos de la mandíbula o de la lengua, la glosomandibulectomía total en 20 gatos con CCE logró una mediana de supervivencia de 533 días, con supervivencia de 50.2% a un año y de 37.8% a dos años; el margen histológico fue el único factor asociado con el intervalo libre de progresión y con la supervivencia, aunque 90% de los gatos tuvo complicaciones y todos requirieron sonda de gastrostomía de por vida (Iwata et al., 2025).
Estos resultados indican que, en gatos seleccionados, la resección completa puede lograr un control local prolongado y supervivencias de más de un año, por lo que la cirugía debe considerarse siempre que el tumor sea resecable. Las lesiones rostrales (rostrales al colmillo) y que no cruzan la línea media tienen mejor pronóstico, ya que en ellas la cirugía es más factible, permite obtener márgenes completos con menor morbilidad y conserva mejor la función. Desafortunadamente, muchos casos presentan lesiones caudales, sublinguales o en la faringe, en las que la resección completa no es posible. Hay que considerar que estos estudios son retrospectivos e incluyen gatos con tumores resecables, por lo que sus resultados no son representativos de todos los gatos con CCE oral.
En los casos en que se considere que el paciente tendrá dificultad para comer después de la cirugía (por ejemplo, en resecciones extensas o caudales, o en gatos con mal estado nutricional), se debe colocar una sonda de esofagostomía durante el mismo procedimiento, que permite mantener la nutrición, la hidratación y la medicación oral durante la recuperación.
Radioterapia
La quimioterapia y la radioterapia generalmente no son efectivas para el control a largo plazo en este tipo de neoplasia. Aunque algunos casos llegan a presentar respuesta a la radioterapia, el tiempo de supervivencia es similar al de los casos que no reciben tratamiento; además de presentar una pobre calidad de vida, ya que esta generalmente no es mejorada.
Los protocolos convencionales (3 a 4 Gy por fracción hasta 40 a 50 Gy) han sido poco efectivos para controlar el tumor (Schlueter et al., 2025). Con un protocolo acelerado de 14 fracciones de 3.5 Gy en 9 días, dos veces al día, la mediana de supervivencia fue de 86 días, y de 298 días en los gatos con respuesta completa (Fidel et al., 2007). Al agregar carboplatino como radiosensibilizador, la mediana de supervivencia fue de 163 días (intervalo de 53 a 770 días); la localización del tumor y la respuesta completa a los 30 días fueron factores pronósticos, y los gatos con tumores tonsilares o del carrillo tuvieron una supervivencia media de 724 días (Fidel et al., 2011). Con gemcitabina como radiosensibilizador (radioterapia de 6 Gy por fracción hasta 36 Gy), la mediana de supervivencia fue de 111.5 días en ocho gatos (Jones et al., 2003). Con 10 fracciones diarias de 4.8 Gy se reportó una mediana de supervivencia de 174 días (Poirier et al., 2013, citado por Soltero-Rivera et al., 2014).
En una serie reciente de 47 gatos tratados con radioterapia acelerada (52.5 Gy en 15 fracciones en 9.5 días) y carboplatino (180 mg/m² en total), la mediana de supervivencia fue de 164 días y el intervalo libre de progresión de 121 días; agregar toceranib después de la radioterapia no mejoró de manera significativa la supervivencia (208 frente a 162 días), aunque en los tumores linguales prolongó el intervalo libre de progresión (142 frente a 104 días). La toxicidad oral por la radiación fue frecuente, y en 13 gatos se colocó de manera preventiva una sonda de esofagostomía (Schlueter et al., 2025).
La radioterapia paliativa (hipofraccionada) puede mejorar temporalmente el dolor y la capacidad de comer en algunos gatos (Bregazzi et al., 2001). La radioterapia estereotáctica produce una mejoría clínica rápida, pero las respuestas tumorales han sido decepcionantes (Yoshikawa et al., 2016, citado por Schlueter et al., 2025).
Tratamiento médico paliativo
En casos donde la calidad de vida sea aceptable, el tratamiento médico paliativo para el control del dolor, la inflamación y la infección secundaria, +/- quimioterapia (con el fin de retrasar el desarrollo de la neoplasia), es recomendado.
Antiinflamatorios no esteroidales
El uso con cautela de antiinflamatorios no esteroidales (AINEs) es recomendado mientras no haya evidencia de enfermedad renal y/o intolerancia gastrointestinal. En el pasado fue recomendado el uso de meloxicam en gatos; sin embargo, el uso repetido de meloxicam ya no es recomendado por la Food and Drug Administration (FDA) en esta especie en EUA; en cambio, la FDA aprobó el uso del robenacoxib en gatos. Aunque la recomendación de administración por parte del laboratorio es por corto plazo (6 días), potencialmente este medicamento, así como otros inhibidores con selectividad por la COX-2, pueden ser una alternativa más segura a largo plazo de manera paliativa. Independientemente del AINE utilizado, es importante monitorear la función renal en todos los casos, así como los efectos gastrointestinales. En un estudio, el uso concomitante de AINEs se asoció con una supervivencia significativamente más prolongada en los gatos con CCE oral (Wiles et al., 2017), aunque este beneficio no se observó en gatos tratados con radioterapia (Schlueter et al., 2025).
Analgesia, antibióticos y nutrición
Como parte del tratamiento paliativo, en conjunto con AINEs, se recomienda utilizar tramadol, gabapentina o amantadina y antibióticos. La buprenorfina por vía transmucosa es otra opción útil para el dolor moderado a severo. La infección secundaria y la necrosis del tumor contribuyen de manera importante al dolor y a la halitosis, por lo que los antibióticos con buena actividad contra anaerobios (como la clindamicina o la amoxicilina con ácido clavulánico) suelen mejorar el confort del paciente. La sonda de alimentación de esofagostomía es una herramienta valiosa para mantener la nutrición y la administración de medicamentos en gatos con disfagia.
Quimioterapia
Adicionalmente, la quimioterapia paliativa puede ser dada utilizando agentes como carboplatino, gemcitabina, mitoxantrona o doxorrubicina. Si la quimioterapia es utilizada en conjunto con AINEs, se recomienda suspender el AINE 72 horas antes y después de la quimioterapia. Las respuestas a la quimioterapia como único tratamiento son poco frecuentes y de corta duración. El cisplatino está contraindicado en el gato, ya que causa edema pulmonar fatal, y el 5-fluorouracilo también está contraindicado por su neurotoxicidad en esta especie.
Inhibidores de tirosina cinasa
Una opción más reciente, que ha llegado a demostrar cierta eficacia en algunos casos, es la utilización de los inhibidores de tirosina cinasa como el masitinib o el toceranib, que actualmente se encuentran disponibles en algunos países. Las respuestas objetivas al toceranib, sin embargo, son poco frecuentes. En un estudio retrospectivo que comparó 23 gatos con CCE oral tratados con toceranib (con o sin AINE) con 23 gatos no tratados, solo un gato tuvo respuesta completa (4%) y dos respuesta parcial (9%); diez presentaron enfermedad estable (43%) y diez progresión (43%). La “respuesta biológica” de 56.5% que suele citarse corresponde a la suma de las respuestas y la enfermedad estable, por lo que la mayor parte del beneficio fue estabilización y no reducción del tumor. La mediana de supervivencia fue de 123 días en los gatos tratados frente a 45 días en los no tratados, aunque el estudio no fue aleatorizado y el uso de AINEs también se asoció con mayor supervivencia; solo tres gatos (6.5%) seguían vivos al año, todos tratados con toceranib y AINE (Wiles et al., 2017; Žagar y Schmidt, 2023). Otro estudio retrospectivo de 35 gatos con CCE oral evaluó principalmente la tolerancia del toceranib combinado con otros tratamientos, que fue aceptable, y no permite establecer su eficacia (Olmsted et al., 2017); en una serie de gatos con distintas neoplasias, ninguno de los tres gatos con CCE tratados con toceranib respondió (Harper y Blackwood, 2017). Para el masitinib solo existen datos in vitro en el CCE felino (Žagar y Schmidt, 2023). Aún hace falta la evaluación de la eficacia, así como de la dosis ideal y los efectos adversos de estos medicamentos como únicos agentes o en combinación con otros tratamientos para el carcinoma de células escamosas en gatos.
Calidad de vida
Si la calidad de vida del paciente se encuentra severamente afectada, la eutanasia humanitaria debe ser ofrecida como una opción para evitar el sufrimiento.
Carcinoma de células escamosas cutáneo (superficial)
Presentación clínica
La localización más frecuente de las lesiones es el plano nasal, los párpados y las orejas (pabellones auriculares); con menor frecuencia se afectan los labios y otras zonas con poco pelo y sin pigmento. Las lesiones generalmente son ulcerativas e inician como costras superficiales, eritema y descamación (dermatitis actínica), que progresan a erosiones y úlceras que no cicatrizan y, en etapas avanzadas, a lesiones proliferativas o erosivas que destruyen el plano nasal o el pabellón auricular. Aproximadamente 30% de los casos presentan lesiones múltiples.
Por lo general esta neoplasia es localmente agresiva y rara vez causa metástasis, y el grado de invasión local es un factor importante para el pronóstico, debido a que la respuesta a la terapia es mucho mejor en lesiones in situ (carcinomas que no han invadido más allá de la membrana basal) que en lesiones que han invadido la dermis profunda y el tejido subcutáneo.
Carcinoma in situ bowenoide
El término enfermedad de Bowen se ha utilizado para la presentación multicéntrica de lesiones in situ. Actualmente se prefiere el término carcinoma in situ bowenoide (o carcinoma de células escamosas multicéntrico in situ). A diferencia del CCE actínico, estas lesiones pueden presentarse en piel con pelo y pigmentada (cabeza, cuello, hombros y extremidades), no se relacionan con la exposición solar y se asocian con la infección por papilomavirus felino, en particular el FcaPV-2. Algunas lesiones pueden progresar a un CCE invasivo (Teh y Krockenberger, 2021).
Diagnóstico y estadificación
El diagnóstico se confirma con una biopsia, que permite determinar si la lesión es in situ o invasiva. Ante lesiones invasivas o de gran tamaño se recomienda evaluar los ganglios linfáticos regionales (citología) y realizar radiografías torácicas, aunque la metástasis es poco frecuente.
Prevención
Debido a la relación con la radiación ultravioleta, es de suma importancia evitar la exposición a la luz solar en el control y la prevención de las lesiones en gatos predispuestos o que hayan presentado la enfermedad: mantener al gato dentro de casa en las horas de mayor radiación (aproximadamente de las 10 a las 16 horas), colocar filtros ultravioleta en las ventanas y revisar periódicamente las zonas sin pigmento para la detección temprana de nuevas lesiones. Los protectores solares tienen utilidad limitada, ya que el gato los retira al acicalarse; si se usan, deben ser seguros para gatos (sin óxido de zinc ni salicilatos).
Tratamiento
Cirugía
La cirugía es el tratamiento de elección. Las opciones incluyen la pinnectomía (amputación parcial o total del pabellón auricular), la resección del plano nasal (planectomía nasal) y la resección de las lesiones palpebrales con reconstrucción. La pinnectomía radical es un procedimiento sencillo, con buen resultado estético y control local excelente (Demirutku et al., 2012). La planectomía nasal también ofrece un buen control a largo plazo, con un resultado estético aceptable para la mayoría de los propietarios (Lana et al., 1997).
Radioterapia
Si la cirugía no es posible debido a la localización, la radioterapia es recomendada; las lesiones in situy menores de 2 cm de diámetro tienen mejor pronóstico con cirugía o radioterapia. La plesioterapia (braquiterapia de contacto) con estroncio-90 es una excelente opción para las lesiones superficiales (de hasta 2 a 3 mm de profundidad) del plano nasal: en 74 gatos se obtuvo respuesta completa en 74%, con una mediana del intervalo libre de enfermedad de 780 días y una mediana de supervivencia de 1039 días; el protocolo fraccionado (5 fracciones) tuvo un intervalo libre de enfermedad significativamente más largo que el de dosis única (1966 frente a 248 días), y las lesiones con estadio T avanzado o con respuesta parcial tuvieron peor pronóstico (Berlato et al., 2019). Para las lesiones más profundas se utiliza radioterapia de haz externo (ortovoltaje, electrones o megavoltaje).
Electroquimioterapia
La electroquimioterapia (aplicación de pulsos eléctricos para aumentar la entrada de la bleomicina a las células) es una alternativa efectiva para el control local de lesiones superficiales y de CCE avanzados de la cabeza, con buena preservación de la estética. En 47 gatos con carcinoma periocular o CCE avanzado de la cabeza, la tasa de respuesta fue de 89% con electroquimioterapia, frente a 33% con bleomicina sola, y la mediana del tiempo a la progresión fue de 30.5 meses frente a 3.9 meses (Spugnini et al., 2015). También se ha reportado su eficacia con bleomicina intravenosa en el CCE superficial del gato (Tozon et al., 2014).
Terapia fotodinámica
La terapia fotodinámica con ácido 5-aminolevulínico tópico es útil en lesiones superficiales del plano nasal: en 55 gatos, 96% respondió y 85% presentó respuesta completa, aunque 51% presentó recurrencia (Bexfield et al., 2008). Por ello se reserva para lesiones in situ o muy superficiales y puede repetirse.
Imiquimod y otros tratamientos locales
El uso de imiquimod tópico (crema al 5%) puede llegar a ser efectivo para el control de lesiones superficiales y del carcinoma in situ bowenoide (Gill et al., 2008). Se recomienda aplicar el medicamento por las noches (evitar la exposición a la luz solar), dos a tres veces por semana, aseando la lesión antes de aplicarlo y 8 horas después. Debido a que se debe evitar el lamido y la ingestión del medicamento, en ocasiones la localización de la lesión imposibilita su uso. La criocirugía puede ser útil en lesiones pequeñas y superficiales, aunque la recurrencia es más frecuente que con la cirugía.
Quimioterapia
El uso de quimioterapia como único tratamiento generalmente no es efectivo. La aplicación intralesional de carboplatino y la electroquimioterapia son las formas de quimioterapia con mayor utilidad en el control local. No se recomienda el uso de 5-fluorouracilo en gatos, ya que es neurotóxico en esta especie.
Protocolos y dosis
Dosis recomendada de fármacos quimioterapéuticos en gatos (protocolo del autor)
| Fármaco | Dosis |
|---|---|
| Carboplatino | 10 mg/kg IV cada 21 a 28 días |
| Doxorrubicina | 1 mg/kg IV cada 21 días |
| Gemcitabina | 400 a 600 mg/m² IV en infusión por 2 horas (o por vía subcutànea) cada 14 a 21 días |
| Mitoxantrona | 4 a 4.5 mg/m² IV cada 21 días |
| Masitinib | 10 mg/kg cada 24 a 48 horas |
| Toceranib | 2.1 a 2.5 mg/kg tres veces por semana (lunes, miércoles y viernes) |
Esquemas publicados en el carcinoma oral
| Esquema | Dosis | Resultado | Fuente |
|---|---|---|---|
| Radioterapia acelerada | 14 fracciones de 3.5 Gy en 9 días (dos veces al día) | Mediana de 86 días; 298 días con respuesta completa | Fidel et al., 2007 |
| Radioterapia acelerada + carboplatino | 14 fracciones de 3.5 Gy en 9 días + carboplatino 90 a 100 mg/m² IV los días 1 y 4.5 | Mediana de 163 días | Fidel et al., 2011 |
| Radioterapia acelerada + carboplatino ± toceranib | 52.5 Gy en 15 fracciones en 9.5 días + carboplatino (180 mg/m² en total); toceranib posterior (mediana de 2.52 mg/kg) | Mediana de 164 días; 208 días con toceranib (diferencia no significativa) | Schlueter et al., 2025 |
| Radioterapia + gemcitabina | 6 Gy por fracción hasta 36 Gy + gemcitabina 25 mg/m² IV dos veces por semana | Mediana de 111.5 días (8 gatos) | Jones et al., 2003 |
| Toceranib (con o sin AINE) | Dosis variables | Respuesta completa 4%, parcial 9%, enfermedad estable 43%, progresión 43%; mediana de 123 días | Wiles et al., 2017 |
La gemcitabina como radiosensibilizador puede causar una toxicidad local importante, por lo que su uso con radioterapia debe hacerse con precaución.
Pronóstico
| Presentación / tratamiento | Supervivencia aproximada | Comentario |
|---|---|---|
| CCE oral sin tratamiento | Mediana de 45 días | Wiles et al., 2017 |
| CCE oral avanzado (series de referencia) | Mediana de 91 días | La metástasis no modificó la supervivencia; los tumores maxilares tuvieron mejor pronóstico (Soltero-Rivera et al., 2014) |
| CCE oral con toceranib | Mediana de 123 días | Wiles et al., 2017 |
| CCE oral con radioterapia acelerada y carboplatino | Mediana de 163 a 164 días | Mejor en tumores tonsilares y del carrillo (Fidel et al., 2011; Schlueter et al., 2025) |
| CCE oral con mandibulectomía (serie inicial) | Mediana de 217 días | Morbilidad alta (Northrup et al., 2006) |
| CCE oral con mandibulectomía y radioterapia | Mediana de 14 meses | Grupo pequeño (Hutson et al., 1992) |
| CCE con maxilectomía | Supervivencia de 83% a 1 y 2 años; mediana no alcanzada | Recurrencia local de 18.3% (Liptak et al., 2021) |
| CCE con glosomandibulectomía total | Mediana de 533 días | El margen histológico fue el factor pronóstico (Iwata et al., 2025) |
| CCE del plano nasal con plesioterapia con estroncio-90 | Mediana de 1039 días | Respuesta completa de 74% (Berlato et al., 2019) |
| CCE cutáneo in situ o menor de 2 cm con cirugía | Prolongada; frecuentemente curativo | Pueden aparecer nuevas lesiones si continúa la exposición solar |
Para el CCE oral, el pronóstico global es pobre: la mediana de supervivencia suele ser menor de 2 meses en la mayoría de los gatos (Tutu et al., 2025); sin embargo, en los gatos con tumores resecables y márgenes completos, la supervivencia puede superar uno o dos años. Los factores asociados con un mejor pronóstico son la localización rostral de la mandíbula, tonsilar o del carrillo, la posibilidad de resección completa y la respuesta completa a la radioterapia. Los tumores linguales, sublinguales y de la faringe tienen el peor pronóstico. Para el CCE cutáneo, el pronóstico es bueno con tratamiento local, sobre todo en lesiones in situ, pequeñas y superficiales; el estadio T avanzado y la respuesta incompleta al tratamiento se asocian con peor pronóstico.
Enfoques emergentes
- Radioterapia estereotáctica combinada con fármacos: se evalúan esquemas de radioterapia estereotáctica en pocas fracciones combinados con toceranib o con radiosensibilizadores e inmunomoduladores; un estudio clínico en curso combina radioterapia estereotáctica con olaparib (inhibidor de PARP) y bexagliflozina (Universidad de Illinois, estudio clínico).
- Terapias dirigidas: la carga mutacional del tumor y diversas vías metabólicas se investigan como blancos terapéuticos en el CCE oral felino (Tutu et al., 2025).
- Biomarcadores pronósticos: Ki67, ciclina D1, Bmi-1 y las proteínas de la transición epitelio-mesénquima se estudian como marcadores diagnósticos y pronósticos (Tutu et al., 2025).
- Electroquimioterapia en la cavidad oral: su utilidad en el CCE avanzado de la cabeza sugiere que podría tener un papel en el control local de algunos tumores orales accesibles, aunque la evidencia en la cavidad oral es limitada.
- Prevención del CCE cutáneo asociado a papilomavirus: el papel del FcaPV-2 abre la posibilidad de estrategias de prevención contra la infección (Teh y Krockenberger, 2021).
Puntos clave para el clínico
- Dos enfermedades distintas: el CCE oral es localmente muy agresivo y de pronóstico pobre; el CCE cutáneo es de crecimiento lento, rara vez causa metástasis y tiene buen pronóstico con tratamiento local temprano.
- Biopsia temprana: toda lesión oral ulcerativa o proliferativa que no responde al tratamiento, o toda pieza dental móvil con lisis ósea en un gato de edad avanzada, debe biopsiarse con una muestra profunda.
- Estadificación: citología de los ganglios linfáticos mandibulares aunque sean de tamaño normal, radiografías torácicas y, de preferencia, tomografía computarizada de cabeza.
- Cirugía: es el tratamiento de elección cuando el tumor es resecable; con márgenes completos, la supervivencia puede superar un año. Las lesiones rostrales que no cruzan la línea media tienen mejor pronóstico porque la cirugía es más factible; colocar una sonda de alimentación en los casos en que se considere necesaria y advertir al propietario sobre la morbilidad.
- Radioterapia: los protocolos acelerados con carboplatino ofrecen medianas de supervivencia de alrededor de 5 meses, con mejor resultado en tumores tonsilares y del carrillo.
- Paliación: AINEs (con monitoreo renal), analgesia multimodal, antibióticos y soporte nutricional; el toceranib produce sobre todo estabilización de la enfermedad, con respuestas objetivas poco frecuentes (alrededor de 13%).
- Contraindicaciones: no usar cisplatino ni 5-fluorouracilo en gatos.
- CCE cutáneo: evitar la exposición solar; cirugía (pinnectomía, planectomía nasal), plesioterapia con estroncio-90, electroquimioterapia, terapia fotodinámica o imiquimod según la profundidad y la localización.
Referencias
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